Velo y realidad
Termina la Romería y en los ámbitos iliturgitanos aquí y allá no paramos de echarnos echamos parabienes. Exigirnos, todos, un ejercicio de responsabilidad y ahondamiento, ya cuesta más, cuesta mucho más, y hasta se anatemiza por algún que otro sector. Buscar desde una visión lo más objetiva posible, sin vehemencias, situar la realidad, sus luces, sus lagunas, sus desaciertos y sus desafueros, para así espolearnos y mejorarnos, como digo, es, poco menos que un desatino mayúsculo. Y claro que se hacen balances, pero son, casi siempre, revisiones superficiales, de boca chica y de luz corta. A nivel general y de un modo contagioso, en ámbitos diversos, las aspiraciones, las perspectivas que se tienen en Andújar conllevan ambiciones demasiado escuetas, no hay ímpetus en los anhelos de cualquier tipo.