Lugar de promisión
OPINIÓN ·
La fuente Sorda se vuelve más locuaz que nunca y nos convoca para contarnos la leyenda de EgilonaALFREDO YBARRA
ZAGUÁN
Lunes, 6 de abril 2026, 19:34
Domingo de Resurrección, también llamado de Pascua o de Gloria, la Pascua Florida, para los cristianos. El Primer Concilio de Nicea (año 325) estableció la ... fecha de la Pascua como el domingo inmediatamente posterior a la primera luna llena tras el equinoccio de marzo. Más tarde, Dionisio el Exiguo (525) convenció al Papado para fijar el equinoccio en el 21 de marzo (equinoccio de primavera eclesiástico). Por lo tanto, la fecha varía siempre entre el 22 de marzo y el 25 de abril. La RAE detalla que la palabra pascua proviene del latín y del hebreo y significa «paso» o «salto». El origen de la celebración de la Pascua se encuentra en el libro del Éxodo. Allí se narra la marcha del pueblo de Israel del cautiverio en Egipto hacia la tierra prometida siendo símbolo de la liberación de su esclavitud. La Pascua cristiana tiene un significado teológico en el paso de la muerte a la vida de Jesús. En su alcance más antiguo guarda profundos simbolismos ligados a las celebraciones de la primavera, el renacer de la naturaleza y la fertilidad tras el invierno en el hemisferio norte.
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Teniendo presente este contexto, comienza hoy el verdadero tránsito entre los desasosegados quebrantos que tanto merman nuestro palpitar y un flamear de alientos que se suma a la suave luz cadenciosa de los días. La primavera de este abril resucitado evoca lo mejor de una ciudad a la que pertenezco desde la raíz hasta la cima de mis entretelas. Este tiempo es mucho más que la algarabía de comunes talantes, trae un carrusel de aromas y cromatismos que despiertan esos otros infinitos sentidos que rebullen nuestra intimidad. Ahora los días se nos ofrecen polícromos. Como dice el poeta Claudio Rodríguez en «Viento de primavera»: «(…) Ya cuanto/fue hambre, ahora es sustento. Y se aligera/la vida, y un destello generoso/vibra por nuestras calles (…)». Sí, ese viento que el poeta proclama llega para alentar algo «más hermoso que tanta/desconfianza y tanto desaliento, /más gallardo que nuestro/miedo a su honda rebelión, a su alta/resurrección. (…)/».
En los aledaños de Andújar la sierra está en estos días más extraordinariamente abundosa y proteica. El Jándula y el Yeguas, con el Valmayor, Cabrera, el Pinto..., hacen de su garganta sonora una líquida salmodia cuyo eco vibra en las entrañas mismas de los breñales. Los alcores y portillos se envuelven en una polifonía grandiosa donde encinas y alcornoques, jaras, lentiscos y romero, cantueso y mejorana, despliegan con júbilo sus brazos al sol. Y en el corazón de la sierra, el Cabezo ya aguarda impaciente la eclosión de las infinitas gentes abrazando esa ancestral y universal mariofanía, tan telúrica como celeste.
En el pentagrama que cruza los aleros urbanos las golondrinas en su inquieto vuelo bordan un místico milagro con el que soñar si levantamos la mirada de tantos afanes pedestres. Me he acercado a la calle Antonio Machado para sentir de algún modo al poeta poner sus versos en boca de una Andújar que necesita revivir, dar un giro a su caminar y decir: «Mi corazón espera/ también, hacia la luz y hacia la vida, / otro milagro de la primavera.»
La fuente Sorda se vuelve más locuaz que nunca y nos convoca para contarnos la leyenda de Egilona. Una historia de amor, sacrificio y tragedia en la que Egilona sigue viva y nos alienta, desde su morada en el cercano Alcázar, a la fantasía y al amor sin extremos. Un relato (hay algunos más referentes a la ciudad) que refleja el fascinante y extenso mundo simbólico y el ecuménico mestizaje, que han caracterizado como un blasón a Andújar. Quiero recordar al escritor estadounidense Washington Irving, que tantas temporadas pasó en España, siendo aquí incluso embajador de su país. Estando en Granada entre 1828 y 1829 escribió un buen número de cartas a diferentes destinatarios. En una de estas epístolas fechada en 1828 y dirigida a Antoinette Bollviller escribía (y lo reseña el historiador J. Vicente Córcoles):»…los naranjos, áloes y mirtos comenzaron a hacer su aparición, sentíamos la cálida temperatura del dulce Mediodía y comenzamos a respirar el aire balsámico de Andalucía. En Andújar nos encantó el aseo y blancura de sus casas, así como sus patios plantados de naranjos y limoneros y refrescados por fuentes, pasamos una noche encantadora a orillas del famoso Guadalquivir, disfrutando del aire suave de una noche meridional y regocijándonos en la seguridad de encontrarnos al fin en esta tierra de promisión…». Es domingo de Pascua y la ciudad debería entender su mensaje para dar el «paso», para dar el «salto» y revelarse verdaderamente como esa tierra de promisión que decía el autor de Cuentos de la Alhambra.
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