La Virgen de la Cabeza, a su salida del templo. / J C. GONZÁLEZ

Y LLEGÓ EL DOMINGO

«Y llegó el esperado domingo, el último del mes de abril y el cielo se abrió para dar paso, después de dos aciagos años, a tantos sentimientos»

ISABEL RECA ALTOZANO

Y llegó el esperado domingo, el último del mes de abril y el cielo se abrió para dar paso, después de dos aciagos años, a tantos sentimientos.

Allí estaban, miles de romeros y peregrinos llegados de los cuatro puntos cardinales de nuestra España, para decirle a Ella, a la Santísima Virgen de la Cabeza, a la Morenita, cuan tristes habían sido estos dos años y gritarles la dicha que sentían al verse, de nuevo frente a su imagen, cara a cara y mirándole a los ojos, poder gritarle: ¡Madre!

Había sido una noche fría, la del sábado, precedida por fuertes chaparrones, pero ello no había sido óbice para que fuera una constante y serpenteante caravana de vehículos hacia el Cerro, sin una sola grave incidencia que reseñar. Con las primeras luces del alba, los primeros cohetes. Poco a poco la vida, tras la impresionante presentación de la Cofradía Matriz, en representación del Pueblo de Andújar, ante su Patrona y Patrona de la Diócesis, con la presencia del Pastor de la Iglesia de Jaén D. Sebastián Chico resurgía en los aledaños del Cerro, en la ciudad de las carretas, en las casas de cofradías.

La luz de la primavera, con un sol radiante, abría el domingo de Romería al mundo para celebrar una romería que no ha sido nunca y en este año especialmente, una romería cualquiera, como lo muestra la presencia en ese Cerro del Cabezo humildes personas de espíritu y grandes de corazón que vienen a poner a sus plantas sus suplicas, empezando por la máxima autoridad eclesiástica en nuestra Diócesis, el obispo Sebastián y la civil, el presidente de la Junta Juanma Moreno y terminando por el último de los peregrinos que apenas alcanza el sagrado recinto, grita su viva. También el obispo, que aunque recién llegado se ha metido de lleno en esta devoción tan ancestral, comenzó su homilía con la salutación a la Reina de Sierra Morena y tras suplicarle, entre otras por la paz, especialmente en Ucrania, acabó con los tres gritos de rigor de ¡Viva la Virgen de la Cabeza!

Desde hace ya casi ocho siglos, en que María, a través de la advocación de la Cabeza ha caminado en la provincia de Jaén, cada último domingo de abril se repite la misma estampa, pero nunca idéntica. En este año, de casi normalidad covid, en las caras de romeros y peregrinos se dejaba entrever la devoción, pero también el sufrimiento por lo vivido estos dos años atrás, como el de los anderos, que tras la noche bajo sus andas, han podido, por fin portar a la imagen de la Morenita por las calzadas, aledaños del Cerro y por el que se ha convertido, desde hace algunos años un lugar emblemático, la ciudad de las carretas, donde los que han ascendido a través de ese medio permanecen esperando el paso de la Madre para agradecer tantos y tantos favores. Lo mismo que se vive a las puertas de esas casas de cofradías, cofradías que alcanzan ya el número de sesenta y ocho mas loas procofradias y que pronto esperan tener todas ellas su propia casa.

De nuevo la procesión de la imagen de la Morenita después de una Eucaristía, cantada por el coro de la Matriz, que no tiene mejor marco, ni escenario que la propia Sierra Morena y no necesita de más, hizo latir con mayor fuera, yo diría que nunca, el corazón de los romeros. Atrás dejábamos tanto y tanto sufrimiento y los romeros vuelven a sus hogares con un corazón renovado y la esperanza puesta en que a partir de aquí, todo casi ha pasado ya y todo volverá a la normalidad, a ser como antes, a vivir la Romería sin temor, sin miedo a la epidemia, pero sin olvidar a quienes esta se llevo, entre ellos a dos trinitario, uno rector en ese momento en la Basílica Real Santuario y que todos ellos disfrutan ya de la Romería del Cielo; tampoco a los que aun sufren sus secuelas o cualquier otra enfermedad.

A todos ellos estamos seguros que la Virgen de la Cabeza los acoge y extenderá su manto, por los siglos de los siglos. A partir de aquí, un reto, el octavo centenario y su celebración.