Llegada de la Cofradía Matriz al Cerro. /GASPAR PARRAS

Llegada de la Cofradía Matriz al Cerro. / GASPAR PARRAS

Llega el reencuentro esperado con la 'Reina de Sierra Morena'

Los devotos solventan las adversidades climatológicas en el camino

JOSÉ CARLOS GONZÁLEZ ANDÚJAR

El enorme deseo del reencuentro con la Virgen de la Cabeza, tras superarse lo más duro y trágico de la pandemia, permitió a los miles de romeros y devotos de la Virgen de la Cabeza solventar los embates que ofreció la exuberancia de la primavera en forma de agua, granizo, sol y viento. Son los embates que ofrece la peregrinación de la vida, que se combate a fuerza de entusiasmo, fe y sacrificio . Eso sí la serranía andujareña transportó con más aliento a los devotos de María Santísima de la Cabeza, espoleados por ese tapiz verdes del altar serrano mezclado con la variedad cromática.

Tras una jornada intensa de agua en Andújar en la tarde-noche del Viernes de Romería, con efectos multiplicadores en el Santuario, llevándose también algunos módulos y tiendas de campaña que se habían instalado en los días previos a la Romería, llegó la cita ineludible con el señalado sábado romero.

Inicio del camino

Pues el clarear el alba en el ensoñado Sábado de Romería, los caprichos insondables de la naturaleza, o los divinos, clarearon un cielo teñido de grises nubarrones desde el Viernes de Romería y permitió a una luna menguante y desvanecida y a un sol tenaz y consistente, presenciar el júbilo y desenfado de las carretas. La peña La Carretas fue la que abrió el cortejo de las 142 que vadearon los vericuetos serranos para plantarse en el Cerro de la Cabeza.

Esta peña fue la que instauró este movimiento carretero entre finales de la década de 1970 y los albores de los 80. Trino Salvador lleva subiendo desde entonces en la carreta de este peña referencial en el mundo romero. «Nosotros estamos acostumbrados a vivir la romería a tope, haga frío, sol o diluvie», aseveró.

Las carretas salieron puntualmente de la calle Alhamar a las siete y media de la mañana. Su coordinador, José Anguita, explicó que en días desapacibles como ayer la gente fue más tranquila que en otras ocasiones, aunque no faltó ni un ápice de fervor romero ni de animación aderezado con las sevillanas de siempre. Las carretas solventaron esta vez el barro del camino. Anguita advirtió que la gente cogió con muchas ganas volver a las carretas tras los dos años de la suspensión de la romería, «pero otros por miedo a la covid han decidido reservar el número para otro año». Solo hubo un percance, porque una carreta alcanzó la pierna de un devoto en San Ginés, pero por fortuna solo se produjo un esguince, cuando las consecuencias pudieron ser peores.

Y un vez que la hilera de carretas abandonó la ciudad por el parque San Eufrasio y enfilar la carretera de la Cadena, donde formó otra vez esa forma serpeante y colorista, en el centro de la ciudad tomó protagonismo la tradición y el costumbrismo con el paseillo por la ciudad de cortejo de la Cofradía Matriz conformado este vez por su elenco de mulos, caballos, jamugas, banderas y cetros, que anticiparon el camino por la serranía, antes del encuentro catártico y fervoroso ante la Virgen de la Cabeza en su camarín cubierta por ese manto denominado de la alegría.

Misa de romeros

La ya tradicional Misa de Romeros, que anticipa la peregrinación por el Camino Viejo, trasladó su habitual escenario de la ermita de la calle Ollerías hasta la parroquia de San Miguel Arcángel, donde se entronizó en su altar a la Virgen de la Cabeza el pasado jueves, tras la ofrenda floral. La Eucaristía fue multitudinaria y estuvo presidida por el arcipreste de la ciudad, Pedro Montesinos.

El presidente de la Real e Ilustre Cofradía Matriz de la Virgen de la Cabeza, Manuel Vázquez, condensó en su Acción de Gracias todo el sentimiento que anida en el alma de los corazones de quienes aman e imploran en todas partes del mundo a la Virgen de la Cabeza. «Con el corazón pleno de júbilo, juntos en hermandad vamos a iniciar la meta común, la casa hasta nuestra Madre la Virgen de la Cabeza», proclamó.

Una vez finalizada la Misa la Cofradía Matriz se formó en la puerta y emprendió el paseíllo por las calles de Andújar, antes de adentrarse por el centenario Camino Viejo de Herradura, que volvió a recorrer con su mulo Juan José Martínez López, desde que tiene uso de razón. Estaba deseoso de transitar por los montes tras dos años sin hacerlo, «lo que ha pasado muy mal, porque eso de no poder salir y tener encerradas a las bestias es horroroso», admitió. Siempre que hace el camino se acuerda de su padre, «hemos llevado a lo hermanos mayores por esos caminos», rememoró.

Fue un día inolvidable para la joven Irene Fuente Islán, porque fue quien transportó el guión de camino que abre el cortejo de la caballería por la ciudad. «Tengo muchos nervios», admitió. Su padre, Juan Luis, le cedió el testigo en esta noble tarea. La voz de la experiencia desveló las claves para superar una jornadas adversa en lo climatológico, «llevar el capote, pasárselo bien y sobre todo ver a la Virgen, que con la pandemia se tiene mucha ganas de verla», subrayó. Juan Luis lleva subiendo con el guión de camino ya una treintena de años, donde ha acumulado un manantial de recuerdos, «el guión me lo entregaba mi abuelo y hoy me toca cedérselo a mi hija». Irene lo llevó por la ciudad con mucha alegría, orgullo sentimiento y fervor mariano.

El paseillo fue de nuevo lucido y llamativo, aunque en menor número que en otras ocasiones, por el tiempo. Sobre todo se notó el descenso en las jamugas. Antes de emprender el camino hacia la Basílica y Real Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, el cortejo hizo una parada reverencial en el Cuadro de la Virgen y a rezar en el Cementerio por los antepasados que sembraron en tierra fértil la devoción a la Virgen de la Cabeza, y en concreto por los cofrades difuntos. Llamó la atención el paseo en el coche de caballos del hermano mayor, Antonio Barrios, junto con la vicehermana mayor, Eva Soto, y la diputada de la Cofradía Matriz, Araceli González.

El primer hito en el Camino Viejo de Herradura fue la ermita de San Ginés, donde la Matriz se paró a rezar una Salve a Nuestra Señora de la Cabeza. También se produjo el saludo reverencial al 'Monumento del Peregrino' antes del descenso a San Ginés donde se produjo la parada en Lugar Nuevo, con menos gente que otros años, por culpa del mal tiempo. Eso sí, por contra, se notó mucha más afluencia que otras veces en la ciudad, para deleite de los baristas, que sufrieron su particular sangría con la suspensión de la recepción de cofradías del Viernes Romero.

Una vez que toda la comitiva descansó, retomó el camino, hacia el poblado del Santuario, donde la cofradía formó pata entrar en el poblado, donde numerosos romeros le esperaron en una tarde-noche fría con claros y oscuros en el cielo, como si la luz quisiera vencer a las tinieblas.

Uno de los momentos más culminantes de la Romería, se vivió con la enfervorizada presentación de la Virgen de la Cabeza por parte de la Cofradía Matriz, con sentimientos a flor de piel, con escenas llenas de emoción donde derramaron lloros, vítores y palmas, al compás de una guitarra y de los sones del coro de la Cofradía Matriz de la Virgen de la Cabeza, que condensan la historia, singularidad y grandeza de una romería, que hoy domingo recobrará las sensaciones de siempre, cuando salga por el dintel de la puerta de la Basílica de Sierra Morena, para reencontrares con un pueblo que la quiere y la venera. Tras la Eucaristía, se desarrollará la procesión por las calzadas de Sierra Morena y volverá a ser reina y señora de las casas de cofradías, de las peñas romeras y de la multitud de fieles que volverán a rogarle y a implorarle, por lo que se recuperan los ritos y la fe, que siempre estuvieron en los corazones de los devotos en los duros momentos donde no se celebró la Romería.