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Un proyecto con

Lucía Martín

34 años, la cirujana de guardia

Amparo Ferrer-Martín
Laura Fortuño
Actualizado 08:59 h
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La red que nos une cuando juega España

Un estudiante en Tokio, una cirujana de guardia, una camionera en mitad de la carretera o un carnicero que lleva décadas cerrando antes para ver los partidos. Vidas muy diferentes conectadas por una misma emoción y por una tecnología que hace posible compartirla. Porque cuando juega la Selección, millones de personas comparten algo más que fútbol.

Hay muy pocas cosas que pueden atravesar fronteras, edades, profesiones o personalidades con tanta facilidad como el Mundial. Cuando se trata de apoyar a la Selección, no importa si lo haces desde un pueblo de 200 habitantes o desde una capital a lo grande. Tampoco si tienes 16 o 70 años, si trabajas en un hospital, conduces un camión o estudias en otro país. Cuando el árbitro pita y la pelota empieza a rodar por el césped, millones de personas comparten exactamente la misma emoción: la esperanza de un último ataque, la tensión de una prórroga, la alegría irracional de un gol en tiempo de descuento.

Es como una red emocional gigante que conecta a personas que posiblemente nunca se conocerán. Una conexión que hoy también depende de la tecnología: de redes capaces de acercar un partido a quien está a miles de kilómetros, de mantener unida a una familia aunque cada uno vea el encuentro desde un lugar distinto o de hacer que millones de personas compartan el mismo instante al mismo tiempo.

Lucía Martín

Lucía Martín

34 años, cirujana de guardia

Cuando miles de personas están pendientes del marcador, Lucía tiene la vista puesta en uno de sus pacientes. Ingresó esta mañana y su pronóstico es favorable, así que cuando vibra su teléfono desde el bolsillo de su bata, sabe que España ha marcado un gol y le aprieta fuerte la mano. Durante unos segundos y aunque desde otro lugar, ellos también forman parte de ese instante compartido entre millones de personas. De esa emoción colectiva que recorre bares, salones y pantallas.

"Mientras cuido de mis pacientes, sé que ahí fuera hay un país entero pendiente de lo mismo. Y, de alguna manera, siento que yo también formo parte de ese momento".

Lucía Martín, Cirujana

Para Lucía el Mundial no siempre se vive con refrescos y palomitas frente a la tele. A veces no hay sofás compartidos ni puede prestarle 90 minutos de atención exclusiva al partido. Pero a veces una notificación en su teléfono o una conversación rápida en el pasillo le recuerdan que, fuera de las paredes de su hospital, un país entero late al mismo ritmo.

Sergio Gómez

Sergio Gómez

23 años, estudiante español en Tokio

En Tokio ya es de madrugada mientras España juega, y aunque la residencia universitaria está en completo silencio, Sergio sigue despierto. Acompañado de un café y con el portátil abierto, sigue el partido con los ojos pegados a la pantalla a miles de kilómetros de su casa. Gol y su móvil emite un pitido. Es el chat de sus amigos, que pronto se llena de emojis de aplausos y caras sonrientes. Durante 90 minutos, desaparecen los 10.000 kilómetros que lo separan de su familia, su gente y su vida cotidiana, porque desde que suena el himno vuelve a sentirse conectado a los suyos.

Para quienes como Sergio viven lejos, el fútbol es una forma de sentirse en casa. Poco importa que el partido se vea a una hora imposible desde la otra punta del punto: compartir los mismos nervios y celebrar los mismos goles hace que la distancia parezca más pequeña.

Un homenaje a esta pasión compartida.

Antonio López

Antonio López

62 años, carnicero del barrio

Más de 40 años detrás del mismo mostrador. Ha visto crecer a niños que hoy entran en la carnicería de la mano de sus propios. Ha escuchado miles de historias y ha ofrecido consejos más allá de los gastronómicos. El día que juega España cierra un poco antes. Es una costumbre que repite desde hace años. Baja la persiana y se dirige al bar de siempre, donde le esperan los amigos con los que ha visto pasar generaciones de futbolistas.

"Antes escuchábamos los partidos por la radio; ahora los vemos en alta definición. Pero los nervios y la ilusión siguen siendo los mismos”

Antonio López, Carnicero del barrio

Mientras rueda el balón, las conversaciones saltan de un Mundial a otro. Al gol de Iniesta. A aquel partido que escucharon por la radio. Y así demuestran que cada Mundial es una experiencia compartida ya no solo entre distintas personas, también entre el presente, el pasado y el futuro.

Marta Lima

Marta Lima

47 años, la camionera incansable

Lleva horas al volante cuando España marca el primer gol del partido. Pero tiene suerte: lo ve desde la tele del área del servicio donde ha parado a descansar. Se une junto a un pequeño grupo de desconocidos y lo celebra con ellos. La emoción es la misma. Después, cada uno seguirá su ruta, pero ese instante lo han compartido juntos. El camión vuelve a ponerse en marcha. Marta piensa en su familia, sintiendo exactamente lo mismo que ella a cientos de kilómetros. Una emoción compartida capaz de convertir cualquier lugar en un punto de encuentro.

*Todas las imágenes han sido generadas con inteligencia artificial y editadas por el equipo de Content Factory.