Votar pero algo más

La gobernanza supone unos valores, una ética en el ser y en el actuar, que a veces denostamos

Alfredo Ybarra
ALFREDO YBARRA

Estamos exactamente a una semana vista de que los iliturgitanos religiosamente votemos para dar nombre y apellidos a los veintiún concejales que constituirán una nueva corporación municipal. De entre ellos surgirá el alcalde y grupo de gobierno que regirán los destinos de Andújar para la próxima legislatura. Todo va a depender de cada uno de nuestros votos. El voto; el suyo, el mío, el de este, el de aquel, es parte esencial de algo que cuesta lograr, o al menos en España ha costado mucho lograr: la democracia. Y déjenme que recalque lo que es, porque siendo una evidencia de nuestra vida en común, paradójicamente muchas personas no la tienen como convicción, aunque a la vez la utilizan para alzar su argumentario, que medularmente se opone a la democracia si la consideramos como ontología de nuestra propia esencia, como individuos y como colectividad.

Sí, y es que la democracia según la primera acepción de la Real Academia Española de la Lengua es «la forma de gobierno en la que el poder político es ejercido por los ciudadanos». Me dirán que me equivoco, que aquí y ahora prácticamente todos queremos la democracia. Pero estarán de acuerdo conmigo en que la gobernanza supone unos valores, una ética en el ser y en el actuar, que a veces denostamos. Pero si nos fijamos, la Academia habla de ciudadanos. Somos vecinos, seres humanos que vivimos en un lugar, pero ¿somos verdaderamente ciudadanos? Volvemos a la RAE y nos aclara en su tercera acepción que ciudadano es una «persona considerada como miembro activo de un Estado, titular de derechos políticos y sometido a sus leyes».

Y, efectivamente, somos titulares de derechos políticos y debemos obediencia a las leyes. Pero hemos perdido el pulso, y en Andújar mucho, como miembros activos, vivos, de esa comunidad social, organizada, que es nuestra ciudad. Venimos siendo desde hace largos años demasiado pusilánimes e inanes en mucho de lo que nos compete, y en lo que deberíamos de intervenir activamente, de mil modos. Ya, ya sé que nuestra forma de democracia no es directa, como por ejemplo en los tiempos gloriosos de Roma, donde los ciudadanos participaban en la toma de decisiones de forma conjunta, sin intermediarios.

A lo largo del tiempo esta forma de Gobierno fue dejando paso a un nuevo sistema, la 'democracia representativa', en donde no son los ciudadanos directamente los que ejercen la vida política sino unos representantes de estos elegidos por ellos mismos. Pero una cosa es que nuestros políticos nos representen, y otra cosa es que, una vez que votamos, parece que nos desprendemos de toda responsabilidad y vivamos demasiado de espaldas a un compromiso mayor con los grandes temas que deberían de preocuparnos. Incluso lo que digo se palpa en cuestiones que no son directamente municipales. Hay cosas en las que, aunque nuestro carácter sea así, tan 'viva la virgen', deberíamos de empuñar otros criterios, otros afanes. Y eso, antes de nada, corresponde a una toma de conciencia de cada uno de nosotros.

Si queremos una ciudad que vaya más allá en todos los planos: sosteniblemente, ambientalmente, convivencialmente, sanitariamente, en la igualdad, armónicamente, a nivel de desarrollo económico, culturalmente, en cuanto a empleo, a nivel de belleza y urbanismo, etc., y un largo etcétera más, no podemos ser un pueblo resignado, despreocupado en tanto (por mucho chin-chin-pun que demos a ciertas cosas, por mucho ombliguismo que gastemos, por mucho cohete y tambor), no podemos abdicar de nuestros sueños. En cuanto a las elecciones municipales del próximo domingo, votemos, votemos a quien más nos convenza, a quienes pensemos que son honrados y dispuestos a batirse el cobre por el bien común de Andújar. Votemos desde la razón, desde el sentido común, y no desde entelequias sin fundamentos. Repasemos los programas de cada formación política, y reflexionemos ante esas candidaturas que tenemos delante. Y a los que ganen exijámosles que se olviden de los pedestales y se batan el cobre en el bien común.

Pero sobre todo hoy quiero apelar a cada uno de nosotros, a cada ciudadano, para que ejerzamos la ciudadanía más plenamente, de verdad. Y sobre todo, participemos en la democracia, en la gobernanza, como también la RAE la define en otra acepción, más ligada a la solidaridad, señalando que democracia es «la participación de todos los miembros de un grupo o de una asociación en la toma de decisiones».

En ese sentido, ya es hora de unir a nuestro voto otros compromisos personales.