Acto de inauguración de la placa de los 100 años de papelería y librería Blanco. / J. C. GONZÁLEZ

Las vísperas

ISABEL RECA ANDÚJAR

Acabado el Adviento, se inicia la cuenta atrás para la celebración de la Navidad y la ciudad de Andújar se ha sumergido no sólo en las actividades propias de esta celebración, sino en una serie de reconocimientos y homenajes, algunos tan inusuales como a quienes de alguna forma y de manera continuada han fomentado a la lectura,

Así, la familia Blanco recibía por parte del Ayuntamiento y con la colaboración del mundo de la Cultura, el reconocimiento a cien años de vida en la ciudad de Andújar fomentando, algo tan inusual. Aquella Imprenta y Papelería Blanco, donde se curtieron impresores que luego se establecerían a lo largo y ancho de nuestra provincia, fue escuela de amantes de las letras, que de una u otra manera editaron libros asequibles a una población a la que la lectura de lo cercano le invitaba de alguna manera.

A la par, además de aquella imprenta, cuna de impresores, la papelería en la que aquellas ediciones de libros se ofrecían en el mismo escaparate de hoy día. El material escolar y los cuentos fueron y son el mejor reclamo de un establecimiento que, d padres a hijos, y van por la tercera generación, se han sabido adaptar a los tiempos hasta conseguir la cifra de cien años y lo que es todavía más meritorio, en el mismo sitio. Si bien es verdad que, en época de expansión, fueron otros los espacios ocupados por la maquinaria y los libros, nunca abandonaron el lugar primigenio y hoy es hasta un punto de referencia en la localización de otros establecimientos.

Los Blanco fueron y son una de las familias referenciales en la ciudad de Andújar de pequeños comercios que un día fueron grandes y de expansión nacional, pero que nunca abandonaron sus raíces, creando riqueza, según los tiempos en esta ciudad. El Día de la Lectura en Andalucía ha quedado marcado, en este año, en Andújar, con una placa que recordará para siempre, la labor de esta familia iliturgitana.

Como para siempre quedará, en otra fachada, por la gentileza de la familia de Manuel Muñoz y Beatriz Maroto, los 75 años de vida de la Cofradía de la Esperanza, dando nombre a una calle, paralela a la del Carmen y en pleno corazón del casco antiguo, por acuerdo plenario unánime de la Corporación Municipal. El resucitar de esta hermandad, tras algunos años, que como las más antiguas, se vieron abocadas al decaimiento, ha supuesto todo un revival a la vida cofrade y a su conocimiento y difusión de su actividad a la ciudadanía. De los primeros en extensivas campañas de recogida de alimentos por Navidad a contar hoy con una gran sede, ha supuesto todo un incansable trabajo de jóvenes que se van haciendo adultos y continúan en la tarea de dar cada día mayor esplendor a una cofradía que estuvo, desde sus inicios, muy arraigada en la ciudad de Andújar.

Clausurados ya el programa de actos, religiosos y culturales con motivo de este 75 Aniversario, inician el camino hacia el centenario, Los que no están para conmemoraciones son los miembros de la Policía Local que continúan con sus concentraciones semanales frente al Ayuntamiento y que esta semana han subido de tono. Cosa curiosa es que reclaman más seguridad para la ciudadanía, siendo ellos los que deben proporcionarla y todo porque sus condiciones no son las más adecuadas, con un Cuerpo que dicen que se encuentra bajo mínimos y al que no atiende sus derechos un partido en el gobierno municipal, como es el PSOE que dice defender esos derechos de los trabajadores. En víspera de las fiesta navideñas, se puede afirmar que hay días que ni siquiera hay policías en la calle, hecho que ellos confirman, cuando se necesitan más que en otras fechas y raro es el fin de semana que no conocemos, a través de las redes sociales, actos de vandalismo en jardines y parques de la ciudad.

Por no hablar de esa Patrulla Verde de la que tanto se cacareo y que al día de hoy no sabemos si existe o es que no ejerce. Arreglar y replantar una y mil veces jardineras y maceteros no es suficiente, hay que mantener una vigilancia y ejercer una autoridad para que se mantengan, dado que los ciudadanos no somos lo suficientemente civilizados.

Como no lo somos para cumplir la ordenanza de que bicicletas y patinetes automáticos no son para las aceras ni calles peatonales.