Verano y turismo

ALFREDO YBARRA

Ahora sí, vaya que sí, el calor del tozudo estío con su acostumbrada energía, inusitada, aprieta las entendederas y aturde hasta al más pintado. Es tiempo para salir de las estancias rutinarias y dejar libres nuestros pasos. Cuando el verano se empecina, es el momento de adentrarse en esos espacios a los que no estamos habituados a incorporarnos el resto del año, es la coyuntura perfecta para desabrocharse los ánimos y los sentimientos y avanzar por encima de nuestros autoimpuestos límites. Cuando el verano se hace bochorno es por antonomasia el periodo de las vacaciones, y del turismo. Un turismo que como lo entendemos hoy nace en el siglo XIX, con desplazamientos cuya intención principal era el ocio, el descanso, la cultura, la salud, los negocios o las relaciones familiares. Estos desplazamientos se distinguían de otros tipos de movimientos (militares, migratorios, comercio, repoblaciones).

En la Grecia clásica se daba gran importancia al ocio, y el tiempo libre lo dedicaban a la cultura, diversiones, religión y deporte, yendo por ejemplo a los Juegos Olímpicos Antiguos, en Olimpia. En Roma durante el Imperio, los romanos solían acudir a las aguas termales, y realizaban desplazamientos habituales hacia la costa. En las antiguas villas romanas los baños se llamaban Balmes o balneum y si eran públicos thermae o therma. En la Edad Media las peregrinaciones religiosas se intensifican y se sacralizan de un modio especial, haciéndose incluso multitudinarias; continuando en la Edad Moderna. Finalizando el siglo XVII aparece la práctica de enviar a los jóvenes aristócratas ingleses a hacer el Grand Tour (viaje de 3 a 5 años por Europa) al finalizar sus estudios, para completar ampliando experiencias.

De ahí los términos turismo, turista, etc. En esta época resurgen las termas, que en la Edad Media decayeron. Se acude a ellas por prescripción médica, pero también como expresión de modernidad. Con la Revolución industrial, especialmente en las últimas décadas del XIX, se consolida la burguesía que va a disponer de actitud, recursos económicos y tiempo libre para viajar. Confluyen los grandes cambios y avances, científicos, económicos, sociales, industriales y tecnológicos, que hacen que el turismo se popularice plenamente.

Y aterrizando concretamente en Andújar, en días pasados ha tenido lugar, organizada por el Ayuntamiento, la primera Mesa del Turismo de la nueva legislatura. Al encuentro acudían junto al concejal del área, representantes del amplio espectro del sector con presencia en la ciudad y su contexto, como es el caso del Parque Natural. Y siempre que se habla de turismo en Andújar me acuerdo de aquella canción de Johnny y Charlie Kurt que se popularizó en 1965 y que todo el mundo bailaba: «La Yenka», con aquella letra repetitiva. «…Izquierda izquierda derecha derecha/ adelante detrás un dos tres/…» O también de esa otra de hace algo más de una década, «María», de Ricky Martin, que dice: «Un, dos, tres/ Un pasito pa'lante María / Un, dos, tres /..Un pasito pa' atrás». En una ciudad que históricamente ha desarrollado su economía y su imagen, en una buena medida, en base a un tradicional flujo de viajeros que por ella pasaban o paraban, la ciudadanía y sus representantes en diferentes estamentos no han sabido definir a lo largo del tiempo un rumbo concreto, un proyecto global definido en cuanto al turismo. Muy al contrario, pusilánimes, sin una recta conciencia patrimonial, hemos hecho muy poco ante la pérdida, destrucción y/o trile, por activa o por pasiva, de palacios y edificios monumentales, el castillo, casi toda la muralla, conventos, ermitas, la judería del casco urbano, jardines, establecimientos específicos de la ciudad, elementos urbanos y arquitectónicos singulares, teatros, capillas, el camping, el seminario en su plenitud, importantes referencias artesanales, muchísimas piezas artísticas, plazas de hospedaje, vestigios arqueológicos, tanto patrimonio documental e inmaterial, o la colección de vehículos históricos Del Val, etc., etc. y otros diferentes etc. Me dirán que en todas partes ha habido desmanes en este sentido. Pero por mi experiencia personal y por lo que puedo contrastar con personas instruidas al respecto, en Andújar tenemos aquí una condición muy laxa. Por eso, difícil lo tienen nuestros principales actores en el contexto del turismo para fraguar un gran proyecto multidisciplinar. Pero hay que confiar en que estrenamos un nuevo espíritu ciudadano.