Termina un año

Ahora, ya pasado el largo prólogo y las celebraciones de Nochebuena y Navidad, llegamos, mañana, a la noche de fin de año

ALFREDO YBARRAANDÚJAR

Las fiestas navideñas son ya todo un entramado pancromático dentro de un desmesurado pandemónium, que al margen de aludir a una reunión de demonios significa lugar en el que hay gran confusión, ruido y griterío. Y en eso se ha convertido esta celebración en sus más notorias manifestaciones. No hay más que pasear por el centro, por los lugares comunes y la vista, el espectáculo, es pura algarabía. Y si nos vamos una tarde a la gran ciudad de turno, la cosa crece exponencialmente. Las calles se convierten por momentos en un multitudinario parque de atracciones. Ahora, ya pasado el largo prólogo y las celebraciones de Nochebuena y Navidad, llegamos, mañana, a la noche de fin de año. Precisamente el 31 de diciembre y especialmente las primeras horas, la madrugada del 1 de enero, son momentos intensos, de gran agitación. Antes, las horas previas, que son ya muy efervescentes, van del callejeo, del consumo casi frenético y el hervidero de los bares de moda, a la preparación agitada de atuendos y cenas, que cada vez van teniendo más predicamento en hoteles, restaurantes, y otros locales en general reservados con meses de antelación, y también algo muy en boga, casas de campo propias o alquiladas para la ocasión. El fiestón para los más jóvenes será abigarrado y bizarro.

Este año si quieren tener la noche más o menos en paz, sin superar la línea de otras tantas nocheviejas, con cuñados, suegros, yernos y otra parentela no mienten la bicha, no hablen de política. Ya es difícil encontrar conversaciones ponderadas en el día a día cuando hablamos de Cataluña y la postura al respecto de las diversas fuerzas políticas, Gobierno incluido, o cuando sacamos a colación el panorama andaluz tras las pasadas elecciones del día 2, y el consiguiente acuerdo tripartito, la situación y postura del PSOE andaluz, o de Ferraz al respecto, o el papel que tiene que asumir Susana Díaz; junto a las consecuencias de la convulsión que en tantos contextos. Hablen mejor de que 2019 es en el horóscopo chino el año del cerdo. Por si acaso, no hablen de que el 1 de enero es el 60 aniversario de la revolución cubana. Hablen de Nadal que a casi todos nos cae bien. Hablen de que este año se estrena la undécima temporada de 'La que se avecina' y la octava de 'Juego de tronos'. Pueden hablar del anuncio de Coca Cola de estas navidades que es una nueva adaptación de aquel 'El mundo entero' de 1972, todo un clásico para varias generaciones, y que versionan en esta ocasión los extriunfitos Aitana, Ana Guerra, Lola Índigo, Raoul y Agoney, junto al rapero canario Maikel Delacalle, y que va a ser el primer anuncio tras las campanadas en Atresmedia y Mediaset.

¡Ojo!, no caigan muy pronto en ponerse a cantar la retahíla de canciones de aquel 72 con 'Yo no soy esa', de Mari Trini; 'El chico de la armónica', de Miki; 'Un beso y una flor', de Nino Bravo; 'El refugio', de Miguel Ríos; 'Oh, oh, Juli', de Los Diablos; 'Por el amor de una mujer', de Julio Iglesias,... Hablen si les parece de los anuncios de estas navidades, como el de Campofrío, en una metáfora sobre los chistes. También del anuncio de los paquetes animados de Amazon, el de Freixenet sin 'burbujas' ni famosos, el de Ruavieja o IKEA, dando que hablar sobre cómo nos comportamos con nuestra familia, o el de Famosa o El Almendro, que vuelven a casa por Navidad. Pasen por alto las elecciones municipales y europeas o de si habrá nacionales en 2019; no entren en esos charcos si al final quieren brindar con abrazos sinceros. Hablen de moda y de los huevos de corral. No sean pesados con los chistes. Hablen de que el 1 de enero de 1919 nacía J. D. Salinger escritor estadounidense, autor de El guardián entre el centeno. Y, ya, atrévanse, hablen del último libro que han leído, de si es mejor leer los libros impresos o electrónicos. Y hablen de poesía. ¿De poesía? ¡Ay! si leyéramos, si escribiéramos, más poesía, el mundo rodaría con rodamientos mucho más acompasados y otras armonías. Por eso recuerden aquel poema que tanto les marcó, sí, y los versos de esa canción que alguna que otra vez canta junto a su ser amado.

Y de lo nuestro, de lo cercano, de nuestra ciudad. Claro que hay que hablar. Pero desde criterios bien asentados, con perspectiva real, desde los afanes regenerados. Pero hablemos de ello sin euforias espirituosas a las que tanto somos proclives con el enardecimiento cohetero del ombliguismo. Salgamos del barato chauvinismo. Tras las campanadas la moneda estará sobre la mesa. Yo prefiero verla de cara, y brindar por el milagro que puede y tiene que surgir desde nuestros fueros más íntimos. Esos fueros que nos reconcilian con la vida y nos llenan de aliento. ¡Feliz 2019!

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