ZAGUAN
Una convergencia de casualidades y causalidades me llevaron desde muy joven a acercarme a esa manifestación tan humana y espiritualmente rica y polícroma de la religiosidad popular. Junto al significado de su dimensión piadosa, me atrajeron el lado cultural, histórico, identitario y antropológico. Mucho ha llovido desde que encabecé la publicación de la primera revista-boletín de la Semana Santa de Andújar (donde en su contenido, tan misceláneo, no faltaron incluso versos como los de Pedro Casaldáliga).
Igualmente mi atención y sentires se acercaron a ese universo cultural y devocional de la Virgen de la Cabeza, donde a partir de esos tiempos ilusionantes de los años ochenta del siglo pasado pude distinguir lo sublimemente poliédrico de este fenómeno religioso enraizado no sólo a su relato canónico sino que se embebe en ancestrales cultos telúricos y de fertilidad. No obstante este culto se ubica en plena Sierra Morena, en el corazón del parque natural Sierra de Andújar, en ese atávico y ungido altar pétreo que es el cerro del Cabezo. Una comprensión que creció con los años, con religiosos, y además amigos, trinitarios (que son los que regentan el santuario de la Virgen de la Cabeza) que me enseñaron en rasgadoras vigilias a sentirme comulgado en el universal arrebato de esta ubérrima mariofanía, de ser un 'homo viator', un peregrino que busca en su caminar y en el místico otero, desiderátum de otra honda cumbre, la catarsis de su espíritu. Igualmente pude entender la profunda e inmemorial fe, tan irisada e identitaria de devotos de muchas partes.
Porque hablamos de una devoción cincelada a través de los siglos, ecuménicamente extendida, que nació trascendiendo cualquier frontera localista y que se ensancha por múltiples partes (salpicando la geografía española, y en Perú, México, Argentina, Brasil, Filipinas,…) entre infinitas gentes. Esos tiempos me fueron llevando a muchos lugares, donde custodian un ancestral fervor por la Morenita y donde con el pretexto de una charla o un pregón pude discernir en muchas gentes una fe humildemente grande, una fe en la Virgen de la Cabeza, como la que Borges ponderaba que tenía Facundo Cabral cuando le decía que la fe en su Dios era auténticamente personal, una fe que le programaba las primaveras y el cauce de los ríos.
He escrito mucho sobre esta devoción, sobre la religiosidad popular, y he podido en muchos y diferentes momentos dialogar y aprender con verdaderos entendidos en estos temas, sabios del conocimiento académico y sabios de la vivencia a pie de camino, a pie de las andas de la Morenita. He vivido los momentos álgidos de la Romería de la Virgen de la Cabeza durante muchos años, prácticamente en su epicentro, desde un punto de vista contemplativo y quiero creer que analítico, lo que me ha hecho conocer mucha intrahistoria, el contrapunto narrativo del devenir de este culto popular.
He conocido cronistas, músicos, artistas plásticos, artesanos, bardos,…, que han ensalzado de mil modos esta piedad mariana. He leído a Cervantes y Lope de Vega, (en los vuelvo a insistir al hablar de esta religiosidad mariana por ser figuras cumbres del Parnaso hispano) que principalmente celebran la Romería y el fervor a la Virgen de la Cabeza de un modo sublime y explícito. Vivo con especial fruición el pregón de esta fiesta (acto muy sobresaliente de la misma) sintiendo especialmente lo que significativos personajes, romeros de ley, prestigiosos periodistas, o escritores muy destacados en el orbe literario, como, entre otros, Luis López Anglada, José García Nieto, Manuel Alcántara, Carlos Murciano, Luis Jiménez Martos, Alfonso Grosso, Manuel Ríos Ruiz, Fernando Quiñones, o Antonio Hernández, …, subrayando especialmente a José Manuel Caballero Bonald, que cercanamente me enseñó (además de que me abrió las entretelas para sentir y conocer con otra mirada el flamenco) que ese encuentro devocional y romero tan concretizado en el alto corazón de una serranía tan celestemente sacra, es tan epifánico como heterogéneo, tan profundo como primaveralmente destelleante. Llegó también por fin la mujer al universo del pregón con una voz propia y rotunda, tan armonizante como diferencial (bastantes de esos pregoneros y pregoneras forman parte ya de mis quereres más personales y admirativos).
Cuenta la tradición legendaria que en la noche del 11 al 12 de agosto de 1227 un pastor natural de Colomera encontró milagrosamente en la cumbre del Cabezo, otero junto al río Jándula de los montes de Sierra Morena, en los pagos de Andújar, una imagen de la Virgen. Allí se construiría una ermita, luego un gran santuario, mientras el fervor no dejaba de crecer en un eco interminable, donde las cofradías tuvieron mucho que ver. Y a la par mil historias y vicisitudes. Hoy comienzan los actos celebrativos del octavo centenario de esta efeméride, con el inicio del Año Jubilar que ha promulgado la Diócesis de Jaén. Serán muchos los actos y celebraciones que tendrán lugar a lo largo de los próximos meses en el Santuario de la Morenita, en Andújar, en Jaén y en otros muchos lugares. Y, mientras, desde esta pequeña ventana, seguiremos remando entre los vilanos y los luceros.