Este lugar fascinante
Hay en historia de los pueblos un acontecer, real o imaginario, que se sitúa al borde de sus fundamentos, en la bruma de esa orilla heterodoxa que todo lugar alimenta en sus clandestinas bodegas. Y esa esquina no es menos valiosa en su percepción emocional. Por eso, deberíamos apostar por poner en valor, contextualizando, toda esa tradición mágica y nigromante de Andújar
alfredo ybarra
Miércoles, 10 de agosto 2016, 06:58
Hay un autor, Jan Potocki (1761-1815), viajero, e historiador polaco, además de militar, que en su barroca y eminente obra: Manuscrito encontrado en Zaragoza, ( ... San Petesburgo en 1804), y llevada incluso al cine, sitúa a Andújar en el corazón de un mundo sobrecogedor. Potocki recorrió los caminos y montañas de Sierra Morena, pasó por Andújar y estudió las costumbres de los gitanos y algo de su lengua. De esta frecuentación de los gitanos andaluces hay huellas en el propio manuscrito y en la opereta Les Bohémiens d'Andalousie. Esa concepción fantasmagórica de la ciudad hay que saberla situar.
Por ejemplo, al respecto del cercano Despeñaperros (paso que hasta bastante después de que se arregle definitivamente y se repueblen sus cercanías, es un paraje peligroso y mitificado; y Andújar es su principal referente urbano desde Valdepeñas) Potocki dice:: El conde de Olavide no había establecido aún colonias extranjeras en Sierra Morena; en aquel tiempo esta arriscada cadena montañosa estaba habitada únicamente por contrabandistas, bandoleros y algunos gitanos, que, según se decía, se comían a los viajeros tras haberlos asesinado, y de aquí el proverbio español: «Las gitanas de Sierra Morena quieren carne de hombres».
No olvidemos además que antes de esa puesta en valor de Despeñaperros, el otro paso, desde el valle de Alcudia al del Guadalquivir, igualmente tenía una historia intrincada. Se habla que ese camino serrano entre Sierra Madrona y Sierra Morena con los collados del Jándula como testigos era peligroso, montaraz, con mil misterios y leyendas a sus espaldas, donde no faltaban las historias, transmitidas y agrandadas por todo tipo de viajeros que a la luz de la lumbre echaban mano de una vivífica y mítica tradición henchida de hechizo, prodigios y espectros. Y a fin de cuentas esos dos accesos a Andalucía son vasos comunicantes.
Pues así, Potocki, escribe que en el camino hacia Andújar topa con todo tipo de personajes extraordinarios: gitanos, princesas moras, ladrones, endemoniados, miembros de la Inquisición, cabalistas e incluso Ashavero, el Judío Errante, todos ellos cuentan sus envolventes historias. En la primera jornada, asistimos a una levísima escena lésbica -e incestuosa- entre dos hermanas, Emina y Zibedea, capaces de compartir «un marido para las dos» y de amar a un cristiano, y asistimos a un hecho inesperado: Alfonso goza del amor, duerme profundamente y amanece entre los dos ahorcados: los hermanos del bandolero Zoto. Y así, el Manuscrito hallado en Zaragoza nos depara otras historias extraordinarias. Pues desde ese contexto, hagamos de Andújar un lugar fascinante.
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