Destino y Voluntad
En algunas de mis columnas de los dos últimos meses les he referido algunas descripciones y relatos que sobre la ciudad hacían algunos viajeros del XVIII y del XIX. Por distintas razones estoy recopilando y analizando esas opiniones por la necesidad que tengo de explicarme el alma iliturgitana.
ALFREDO YBARRA
Miércoles, 11 de mayo 2016, 06:45
Es muy curioso, porque hay perfiles que se mantienen en el tiempo, patrones que se repiten. Para analizar esto, seguramente hay que tener en cuenta ... la historia que se contextualiza en Andújar, ¿qué va sucediendo?, algunos por qué, las relaciones humanas, especialmente entre clases.
Por ejemplo en el siglo XVI Andújar se ennoblece con un aumento significativo de la aristocracia local y por otro lado, las circunstancias hacen que el número de eclesiásticos aumente, que se asienten en la ciudad un buen número de órdenes religiosas. Eso conlleva además una nueva forma de tratos humanos, de encuentros y desencuentros, de desarrollo en ciertos aspectos de la vida local. Sin embargo cuando en el XVII comienzan los decaimientos, las crisis, los enfrentamientos entre los nobles, hace que se de en la ciudad un desgarro, unas situaciones que luego van a pervivir en el tiempo.
¿Y la situación geográfica de Andújar, es que no influye? Mucho. Ya hemos dicho algo en este espacio en otras ocasiones. Hasta que llegaran las Nuevas Poblaciones de la mano de Olavide, Andújar es una referencia importante ya militar, ya comercial, ya de logística. Despeñaperros es el mito, pero también una realidad, una frontera, a veces muy dificultosa a la que se añaden todas las novelerías que queramos. El Guadalquivir es otra frontera geo-estratégica.
Sierra Morena con el paso del Valle de Alcudia al del Jándula-Guadalquivir es otro de los históricos caminos junto a Andújar, con sus peligros, con sus leyendas, con su nebulosa. Todo eso a través de los siglos, con el paso de ejércitos, con batallas, incluso decisivas y con mucho rescoldo; siendo nudo para encuentros importantes, sitio de comerciantes, viajeros, venteros, tahúres y pícaros, gentes que al albur de la aventura buscan este cruce de caminos para solventarse.
La ciudad suena, es escaparate en la lisonja. Sí, y son muchos los forasteros que conviven con los nativos. Eso impregna una pátina propia. Andújar va a ser lugar que en seguida conoce las modas, que se pretende en la vanguardia, que fácilmente da la espalda a lo que podrían considerarse sólidos baluartes de tradición.
A finales del XIX y a comienzos del XX, llega soñando proyectos novedosos, algunos se van a realizar, pero la gran mayoría, el destino (dejémoslo ahí) como tantas veces, vuelve a hacer de las suyas. Es el sino: Andújar se construye por ahí, pero de desgaja por allá. Pero una cosa es el destino y otra el desatino, ya sea por error o por intereses particulares. Y en medio debería estar la forja de una voluntad como pueblo. Que en mi opinión, sigue pendiente.
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