Esos axiomas de la ciudad

Esos axiomas de la ciudad
  • Les hablaba en el anterior Zaguán de esas históricas fortalezas que la ciudad por su situación, naturaleza y disposición ha tenido, y que le depararon un buen poder ser. Pero inusitadamente, una vez tras otra, se ha quedado en un quiero y no puedo, o mejor, al revés. Siempre algo nos ha deshilvanado las posibilidades. Algo, que, deberíamos hacernos mirar para, no seguir cayendo época tras época en ese sui géneris modo de ser: miope, indolente y tosco, a la par que sórdidamente egocéntrico.

Antonio Ruiz Juncal, célebre médico y, personaje crítico respecto a la historia local, escribía en 1926 que: "Con el dinero mal gastado por los administradores del Antiguo Régimen, Andújar por su envidiable situación y por sus bellezas naturales, debiera se la ciudad más alegre de Andalucía." Igualmente señalaba aquel galeno contestatario: "En vez de crear, sus ineptos administradores, no hicieron más que destruir. Ellos destruyeron el famoso paseo de El Sotillo creado por el corregidor Ansaldo en la ribera del Guadalquivir con su paseo central y paseos laterales para carruajes plantas y flores de todas las provincias de España y hermosos arboles traídos en su mayor parte del extranjero." Son muchos los testimonios que evidencian los desmanes que en Andújar se han sucedido.

En cuanto al urbanismo y esa cercanía de la ciudad con el río, que ahora de nuevo queremos enarbolar con fundado vigor, señalemos como el catedrático de urbanismo de la Universidad de Granada, José Luis Gómez Ordóñez, en 1997, en un trabajo sobre la relación de Andújar y el Guadalquivir, entre otras cosas decía: "Hemos hablado de lejanía, de extrañamiento entre la ciudad y el río, y ello habla de esa pérdida de significado del emplazamiento que, durante tanto tiempo, materializó el puente histórico. Este puente daba sentido a la ciudad, simbolizaba la ciudad misma, en la medida en que materializaba sus relaciones con el territorio y con las otras ciudades." Hablamos de urbanismo, de arquitectura.

Pero la malaventura es sobre todo de espíritu ciudadano, de cultura, de conciencia social; y hasta de sentido histórico y de la proyección de nuestra vida en común. Se trata especialmente de una indolencia lacerante, realimentada por bastantes condicionantes, ante el latrocinio de ciertos dirigentes en determinados momentos. Y como concluía en el anterior artículo, hoy hay circunstancias muy esperanzadoras que pueden poblar de ilusión nuestras perspectivas.

Pero no podemos volver a caer en los tumbos de siempre. Por eso no se tratan sólo de un nuevo hacer. Se trata de resetearnos en el pensamiento colectivo. Y eso no es decirlo y ya está, debe de ser un proyecto bien entramado y transversal, un proceso significado en principios y acciones, ante todo culturales, que nos definan y argumenten los mandamientos férreos del desarrollo integral de la ciudad y de los ciudadanos, inyectando al mismo tiempo emociones por Andújar. Alfabetizarnos en unos restaurados axiomas de la andujanía. Eso no es sólo política al uso. Eso exige un do de pecho, de todos.