Borrar

Ese baluarte de la cerámica

Continuemos, si les parece, con el tema del pasado Zaguán, al respecto de la afinidad que secularmente existió entre Andújar y la artesanía alfarera, lo que ahora está prácticamente desgajado. Y me sumo, como les decía, como no podía ser menos, a ese homenaje público que se pide para Bartolomé Herrera, un pintor cerámico que el tiempo está poniendo en el sitio que le corresponde, lo que ya es difícil en una ciudad hostil a la sensibilidad artística, y no digamos a las grandezas de ésta.

ALFREDO YBARRA

Miércoles, 11 de mayo 2016, 07:30

Una ciudad que tampoco sabe reconocer a sus personajes auténticamente preclaros, lo que no tiene que coincidir con los más visibles y ostentosos. Precisamente en distintos momentos he llamado la atención sobre la grandeza artística de Bartolomé Herrera, que además aportó un valioso contenido a la pintura de la cerámica y la azulejería mural iliturgitanas o lo que es lo mismo, a la cultura identitaria iliturgitana. Y por ello pedí desde mi modesta voz de la andujanía acciones municipales de reconocimiento al eximio artista.

Prácticamente en este baldío de la artesanía, que precisamente debiera ser un marchamo de una Andújar singular y sobresaliente, miro para atrás, lo que uso muchas veces para tomar impulso. Y si hemos hablado en bastantes ocasiones de la alfarería iberoromana de los Villares, que con las piezas de sigillata hispánica, abasteció en un momento determinado a gran parte del imperio romano, de algún modo esa tradición se continuó en Andújar.

La historia nos muestra gotas diversas de la significación y fama de los barreros de la ciudad. Y es que la buena arcilla de la tierra, su cercanía al Guadalquivir, y al ser lindera con las más importantes vías de comunicación de su contexto, en la época, lo que propiciaba el conocimiento y el transporte, influyeron en hacer de Andújar un gran centro alfarero hasta hace no muy pocos años. Aún recuerdo en mis años infantiles ir a las alfarerías locales y encontrar un importante ajetreo en las pilas con la arcilla haciendo pellas, en los tornos y hornos, y esas dicharacheras mesas con las mujeres pintando minuciosamente los cacharros.

Hay uno de los primeros Nodog que recoge esta tradición alfarera y esa peculiar estampa cacharrera que impregnaba la ciudad. Recogen las crónicas del siglo XIV y XV la admiración que despertaban las cerámicas decorativas de la Alhambra, que han dado a su arquitectura una singularidad excepcional. El momento álgido de los alicatados islámicos en la Alhambra es el siglo XIV, continuándose su elaboración hasta el fin del período nazarí. Hay documentos que señalan la contratación de maestros azulejeros foráneos a Granada, constatándose algunos de Andújar, entre otros de Jaén y Sevilla, por su acreditada nombradía. Y no me resisto a pensar que esta relación debió existir siempre respecto a la construcción de la Alhambra por esa relación de Andújar y los reyes nazaritas, procedentes de Arjona. Incluso los auténticos colores de la cerámica vidriada de Andújar, que no es blanca y azul, sino que contaba con ocres, verdes, azules marrones,..., se dan en los alicatados de la Alhambra, en una curiosa influencia.

Los datos son muy claros ya que hay documentos que hacen referencia, por ejemplo, al artesano Juan Ruiz de la Cruz, vecino de Andújar. Los encargos son realizados entre 1497 y 1499 y se trata de azulejos de lazo sin especificar más que son para las casas reales, los baños, y varas de azulejos para la Sala de quadras (guardas) en el Palacio de los Leones. En fin, sirvan estos pequeños apuntes para reivindicar una tradición que aún podemos salvar y poner al frente de los baluartes ciudadanos.

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios

ideal Ese baluarte de la cerámica