La magia que necesitamos
Antes de escribir estas líneas, en mi paseo mañanero y que hago ceremonial en el primer día de cada año he querido acercarme al museo de artes plásticas Antonio González Orea. Necesitaba sentir de algún modo en este tiempo nuevo un hálito que bien puede insuflarme el espíritu del genial artista iliturgitano, y sin embargo gran amigo, y al que la ciudad como a otros tantos personajes nativos de verdadero relieve no sabe reconocer, ni apoyarse en ellos. González Orea representa una Andújar de moderna mirada, de trato fácil, amiga del encuentro enriquecedor, trascendente de alma, creativa, cordial, de magisterio, elegante en lo fundamental, renacentista de espíritu, humilde en su percepción del horizonte y grande en su despliegue de valores, reconocida en los foros más importantes, con la cultura como eje en el que girar la convivencia.
ALFREDO YBARRA
Miércoles, 11 de mayo 2016, 08:11
Y esa es la Andújar con la que me quiero comprometer en este nuevo año y que quiero espolear desde mis humildes posibilidades, desde lo ... que considero una obligación de conciencia, y desde esta tribuna donde intento deliberar y conversar, para expresar que necesitamos reflexionar un poco y pensar con luz larga, si es que queremos de verdad elevar nuestros niveles ciudadanos.
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Al mismo tiempo, he aprovechado para contemplar la Muestra de la Asociación Fotográfica de Andújar que en su tercera edición, enseña en este espacio expositivo del antiguo convento de Capuchinas un resumen de los trabajos de los asociados. Aprovechen hasta el próximo día ocho para visitarla. Y contemplando tanta vida, tanta belleza capturada en instantes, me reafirmo, que hay entre tanta patulea de banalidad, efervescencias de verdadera enjundia que rubrican esa Andújar cautivadora y honda capaz de unirse en proyectos sobresalientes que se despeguen de palurdez reinante.
Es un año nuevo y uno no puede empezarlo siendo pesimista. Siempre creo que la actitud predispone mucho ante las circunstancias. Por eso hoy quiero compartir optimismo en este año que acaba de abrirse. Un optimismo encajado en la confianza de que nuestros políticos y dirigentes cuentan con la actitud y aptitud para poder renovar la minuta y el vademécum iliturgitanos.
Un optimismo fraguado en la en la convicción de que el alma de Andújar tendrá veleidades, pero que en el fondo y cuando las cosas llegan a los bordes, sabe situarse en el andamio del sentido común y de sus puntos cardinales, en la esperanza, y en la certeza de su identidad. Un optimismo que para nada quiere quedarse en las alharacas de la agenda nueva que comienza a escribirse.
De vez en cuando, hay que creer en la magia. Y Andújar necesita mucha magia, mucha alquimia que debemos elaborar con el empuje de todos, echando al fuego purificador tanta impostura. Algunos se creen que el cortijo es de ellos y por eso pueden hacer lo que les salga del forro de sus caprichos privativos. Decía Unamuno que la patria, como la vida, es de prestado. Y algo que nos es prestado debemos de cuidarlo siempre y transmitirlo lustroso y abonado.
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