Una década

Una década puede ser más o menos tiempos, depende de cómo se mida, ya que el tiempo, como todo, es relativo. Hace eso, una década más o menos, que se iniciaban lo que iban a ser una panacea y han resultado ser, por calificarla de alguna manera, un fiasco de reforma, en lo que se refiere a los estatutos de la Cofradía Matriz de Andújar. Es cierto, y así hay que reconocerlo que, por entonces hubo quienes creían, inocentes ello, en su bondad y en que iba a ser la solución a lo que consideraban el "autentico" problema de la que creían obsoleta y a punto de "morir". Pero lo que mal empieza, mal acaba y una década después se ha visto que de aquellos barros, estos lodos.

ISABEL RECA

Miércoles, 11 de mayo 2016, 09:07

No se inició aquella reforma, al menos por parte de algún sector, con autentico espíritu reformista, sino más bien, como se ha demostrado en este ... tiempo, con espíritu revanchista. Se ha alimentado, unas veces con intención y otras sin ella, en el corazón de algunos, "henchido" de amor por una imagen, odio hacia un pasado, en vez de comprensión y olvido, viéndose venir un resultado que si bien es cierto, a tanto no se esperaba, cuando se incita a la desobediencia, las consecuencias son imprevisibles e impredecibles. Es así, como quienes, por la causa que sea, no poseen una base solida y fuerte, unas creencias en el mismo sentido, pueden acabar sintiendo un fanatismo que pueden llegar a no controlar. Véase, con exagerada comparación lo que talibanes y otras mentes acaban destruyendo en nombre de no sé qué dios o religión, creyéndose en posesión de la única verdad.

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Lo que ha venido ocurriendo en el seno de la Cofradía Matriz desde que se inició su estatutaria reforma y especialmente desde que los acontecimientos trascendieran más allá de lo puramente interno e incluso de lo local, sobre todo en los últimos años, no podía traer consecuencia buena alguna, y así ha sido. Los enfrentamientos con las instituciones, civiles y religiosas, surgieron desde el primer momento, si bien se taparon o soslayaron en virtud del entendimiento y por el bien de una devoción ancestral. Pero tanto fue el cántaro a la fuente, que al final se rompió. Si bien los enfrentamientos civiles andan, por el momento, acallados, los religiosos han saltado por los aires en mil pedazos, llegando a salpicar a la misma Basílica Santuario, donde se espera que la Guardia Civil averigüe quien o quienes y en base a que han cometido lo que se ha calificado como una profanación en toda regla. De toda la acción llevada a cabo, pegatina en un Sagrario, es el no va más y encima con los colores de la bandera que representa a toda una ciudad de cuarenta mil habitantes y el escudo de una hermandad con la advocación de su Patrona y Patrona de toda una diócesis. El autor o los autores deben conocerse, antes que la sangría de cofrades que dicen empieza a producirse, acabe por desmantelar una hermandad ocho veces centenaria.

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