Una savia para la concordia
A raíz de mi pasada columna dominical sobre ese liderazgo que he echado en falta en unas circunstancias muy concretas, he tenido alguna conversación con personas que considero sensatas y ponderadas. La vida local se ha empapado últimamente de un ambiente muy enrarecido, que los de siempre han querido situar como si afectara a toda la ciudadanía, mientras que ellos se han arrogado la portavocía de todo un pueblo, sin más ni más.
ALFREDO YBARRA
Miércoles, 11 de mayo 2016, 09:09
Con mis interlocutores coincidía en lo fundamental, que nos retrata una palmaria realidad social que va más allá de los hechos concretos y pincela la ... propia personalidad ciudadana actual. Al hecho concreto y al objeto de aquel artículo, el liderazgo en un momento determinado, sólo anotar lo que he leído en El Mundo de hoy en esa sentencia diaria que suelen colocar bajo la cabecera. Es un proverbio galés que dice:"el que quiera ser líder debe de servir de puente".
En paralelo a todo ello, cabe de nuevo insistir en unos perfiles que se han acentuado poco a poco en los últimos años, y que se están filtrando hasta las entrañas mismas de Andújar. Lo hemos comentado aquí mismo en diversas ocasiones. Los iliturgitanos, por un lado se están volviendo pusilánimes, se encogen de hombros ante muchas cosas que van sucediendo en la ciudad. Se ve hasta normal que no haya excelencias, que personajes grises dirijan el cotarro y dicten, casi, el compás ciudadano y la doctrina, y ante los que se baja la cabeza por parte de estos o de aquellos, al final, por no oponerse, claudican. Se entiende como normal que nos rebocemos en la mediocridad más absoluta. Somos consentidores de muchas pequeñeces, mientras que a nivel de las instituciones, ya sea ahora una, luego otra, nos creemos reyes del mambo.
Y aunque cualquier observador objetivo, cualquier comparación simple con otras realidades paralelas que ocurren en otras partes, pueden fácilmente ratificar nuestra simpleza, ni el sursuncorda nos baja de la baranda. De tanto querer ser, de tanta vacua arrogancia; sin labrar la prestancia, ni la constancia, ni la verdad de los contextos, nos hemos quedado en una simple mota de polvo colgada de un escaparate. Y nos afanamos en gritar con voz de pulga que somos la panacea.
He vivido momentos donde se soñó una Andújar asentada en la vanguardia, una ciudad con empaque y alta catadura. Eran tiempos fundacionales de la nueva democracia. Tensar una ciudad desde su ser a la proyección articulada, cuesta mucho. Si el futuro son nuestros jóvenes, en Andújar hay una juventud dinámica, preparada, culta, que sabe buscar el buen viento. Pero estamos dejando en la tarima, por intereses menguados, a jóvenes enaltecidos, mal formados por raposos de espalda plateada que gustan de una Andújar grotesca, ensimismada, autómata, fácil al solivianto. Pero aún sueño una ciudad posible, de concordia, que halle la luz de su savia.
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