Terremoto y considerar

Hay momentos en las que al ver la práctica que en la ciudad se desarrolla en diversos temas donde hay tanta pantomima, que ni siquiera llega a ser remedo de un proceder de calado y larga proyección tanto en lo local como hacia fuera, uno piensa que Andújar necesita sacudirse, agitarse, un terremoto. Entiéndaseme, terremoto a nivel figurado y medular.

ALFREDO YBARRA

Miércoles, 11 de mayo 2016, 09:05

Todo terremoto nos mueve el suelo pero nos invita a modificar la vida, y sobre el lugar físico donde vivimos. Sí, hay en el ágora ... iliturgitana unos enquistamientos duros como el diamante que se aferran con uñas y dientes a las cortinas del escenario local y por nada del mundo quieren dejar de ser protagonistas.

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Por otro lado, existen en el ambiente unas inercias que una y otra vez hacen bucle, y escriben, como una muestra de caligrafía escolar, siempre las mismas frases, con la misma letra. El conformismo, el creer que las cosas son así, aturdidos por la sensación de que como esto o aquello se viene haciendo, de tal modo, claro por intereses muy particulares, pues ¿para qué vamos a proponer otra cosa de mayor peso en diferentes sentidos?.

Hablo de contenidos, hablo de formas de llevar a cabo muchas cosas, hablo de aptitudes, pero también de actitudes, de una condición que no se ha depurado, que se ha quedado vulgarizada, mirándose el ombligo y doblada sobre sí misma. Hablo de que mucho se hace con activismo desmesurado, pero donde no hay una pausa para encajar propuestas. Porque las epifanías son el resultado de procesos, macerados, meditados.

Hablo de la necesidad de opinar y debatir desde el corazón ciudadano para crecer y buscar los altos collados de la excelencia. Y sobran adhesiones low cost, -¡ay, ese tiralevitismo local!, con sus dos caras- Igualmente en Andújar somos muy dados a ponerle alfombra a personas y organismos que engolados exigen enseguida pleitesía a diestro y siniestro, sin merecerlo, y que además determinan en mucho la agenda ciudadana, y lo peor, no dejando hueco para otra proyección que se pueda hacer.

Y me dirán ustedes que si el pasado fin de semana hablaba de que ahora hay cierto optimismo, y que hay cierto reverdecer de la esperanza local, ¿cómo digo esto? Pues sí, porque precisamente por ese optimismo que se va viendo es fundamental, a quienes corresponde en cada caso, dar pasos decisivos, para salir del pluerinismo cortijero.

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Andújar, todos, nos merecemos un algo más. Pero para eso, todos tenemos que poner de nuestra parte y reconsiderarnos. Pero es difícil que de la noche a la mañana nuestra querencia a las tablas cambie para salir al centro del ruedo y embestir al destino. Por eso se necesita un simbólico ajetreo sísmico. Si el terremoto llamado de Andújar, de 1170, removió muchos cimientos y el concepto urbano de la ciudad, así un terremoto en el alma iliturgitana, debería cambiar nuestro compromiso con los verdaderos valores ciudadanos.

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