San Francisco
San Francisco, en Andújar, es por excelencia una calle. Una calle que antaño y hasta prácticamente finales del pasado siglo, fue centro neurálgico de la ciudad, tanto a nivel comercial, como de ocio. Pero he aquí que entre todos la mataron y ella sola se murió. Una calle que, aunque corta en longitud, albergaba de todo, desde bares de tapeo, establecimientos de chacinas, droguerías, calzados, mercerías y hasta una bodeguilla de venta de vino.
ISABEL RECA
Miércoles, 11 de mayo 2016, 08:59
No cabía más en tan corto espacio, por lo que el fluir de personas estaba asegurado tanto de día como de noche. Pero he aquí, ... que como en los cuentos, pero en negativo, poco a poco y día tras día, fueron desapareciendo los negocios y los lugares de ocio, bares de tapeo, como el Bolero, lo que fue mermando el tránsito, pese a ser lugar obligado de paso hacia el mercado de abastos.
Que Andújar haya crecido en dirección contraria al rio y que hoy el mayor número de habitantes se concentre justo al otro lado, no debiera haber sido la causa de tan notable soledad. Lo que no es de recibo, es que se haya abandonado tanto por unos como por otros. Ni el Ayuntamiento e instituciones como la Cámara han tenido toda la culpa, como pretenden descargar los vecinos, ni parte de los vecinos tampoco, pues empresariado de toda la vida del lugar, como en ambos extremos de la calle siguen luchando por dar vida a la que ha sido de siempre su zona de ventas. Lo que no es de recibo, es que en medio, existan casas derruida desde el pasado siglo, sin un atisbo de construcción, por puras razones económicas, con la alegación de que el precio es el que es, simplemente porque es la calle San Francisco. O en el mismo sentido, locales de alquiler; y no digamos ya, los que además se abandonan a su suerte, incluso apuntalados por la parte trasera.
No vamos a justificar a ninguna institución, pero ahí están las para mostrar que lo han intentado en romería ofreciendo mejor imagen o con actividades, pero poco han hecho los pocos comercios establecidos, salvo los ya mencionados, por colaborar, bien por falta de interés, bien por ser franquicias. Y así se ha convertido en la pescadilla que se muerde la cola, incluso alcanzando ya a la aledaña Plaza Vieja, mientras su paralela, la calle 12 de Agosto crece en todo lo que San Francisco perdió. Cuestión de voluntad empresarial y de propietarios de los locales.
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