Un hálito de luz que brota
Tengo la impresión de que en la ciudad se mueve un aire nuevo. Es una impresión que creo tiene una gran parte de la ciudadanía. Y señalo como protagonista al nuevo equipo de gobierno, pero también a ciertos sectores sociales que se están desembarazando de un viejo y empolvado chambergo, que se estaba volviendo pesado para un nuevo tiempo.
ALFREDO YBARRA
Miércoles, 11 de mayo 2016, 09:11
Por supuesto, son simples brotes que hay que ver si crecen, o simplemente, como en otras ocasiones, se quedan en un quiero y no puedo, ... o mejor, en un puedo y no quiero (llegar a demasiadas alturas). Se trata simplemente de que está empezando a haber una voluntad de cambiar el talante ciudadano, que estaba demasiado apesadumbrado y aquiescente, con la sensación de que todos nos daban patadas en las espinillas, de que Andújar a través de sus gobernantes estaba presa del mundo, y por eso se hacía lo que se podía, pero nada más.
Parece que hay un intento de participación, de transparencia, de contacto entente el liderazgo y el corazón ciudadano. Creo en las intenciones, en las buenas intenciones, en la voluntad de hacer bien las cosas, en las aptitudes y en las actitudes ?esa manera de estar alguien dispuesto a comportarse u obrar-, y en que aunque el partidismo pesa, en la política de andar por casa hay valores que superan los colores.
La política municipal es muy dura, pero cercana y agradecida. Hace tiempo, por muchas circunstancias, donde una parte de la idiosincrasia local también ha puesto sus granitos de arena, que la ciudad está a la deriva en factores fundamentales, que hemos venido comentando en estas columnas y que es evidente, si uno observa reflexivamente la realidad.
La ciudad ha perdido tejido industrial, y su trama cultural, una gran parte de su movimiento comercial y artesano, su dinamismo en ocio, se ha anquilosado en cosas que son blasones locales. La autoestima, el genio iliturgitano ha ido mermando. Todo ello lo puse un día en negro sobre blanco denominándolo andujanía, que es el espíritu ciudadano de la excelencia en lo individual y colectivo, que tiene rango de buen porte y nobleza, de cultura ilustrada y de vanguardia.
Sí, la andujanía representa un huir de la caspa y lo chabacano. Es la tolerancia, la garlopa frente al navajeo, el espíritu liberal y participativo, el vigor callejero. Representa la ciudad orgullosa pero sin voz engominada, escénica pero sin ser ridícula, conciliar, de brío universal y acogedor.
La ciudad que ha sabido ser sufridora, y elástica y por ello sabia a fuerza de no ser inflexible en sus convicciones largas. Yo creo en una ciudad cuya alma reprende a los fanáticos y que no se vende a la impostura. Hoy cuando me he levantado y me he asomado a la ventana, he sentido un hálito de luz con un mundo dentro brotando en los aleros.
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