En nombre de la Cultura

Por algún sitio se ha escrito o se ha dicho que el término Cultura es muy sufrido. Así, añadimos el adjetivo cultural a muchas cosas que no lo son, a veces ni por asomo. Vemos y oímos asociación cultural, acto cultural, etcétera, acogidos a una ley o norma que nos permite acceder a subvenciones, patrocinios y similares. Todo ello, en muchos casos, más de lo que deberían ser, llevan a confusión a entidades y empresas a costear, como patrocinadoras o colaboradoras todo lo que se les presenta o propone, muchas veces con el ánimo de no quedar, lo que socialmente se dice mal, otras por el compromiso adquirido como cliente o amigo.

ISABEL RECA

Miércoles, 11 de mayo 2016, 07:28

Y esto es la tónica general que se viene dando en la ciudad de Andújar y que ha llevado, digamos que a una cierta queja ... velada, que no terminan de cortar, por el que dirán, mientras lo que debiera patrocinarse, por realmente importante y cultural, queda al margen de la ayuda económica y si quiere salir adelante debe ser con el sólo y exclusivo esfuerzo económico de sus organizadores, lo que se llama a pleno pulmón.

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Dicho esto, que es vox populi en la calle, entre la ciudadanía, a nadie se le escapa que, en la ciudad de Andújar se imprimen una cifra incalculable de cartelerias, donde, en algunos, ocupa más espacio los logos de las empresas colaboradoras que el contenido anunciador. A ello le sumamos, variados pregones de toda índole y un sinfín de semanas y actos, con el adjetivo de culturales, que sus organizadores, de forma hábil, arranca el apoyo o subvención económica correspondiente.

Cuando llega el turno de la defensa del patrimonio local, algo que es o debe ser de todos los iliturgitanos su mantenimiento y defensa, se encuentran quienes por ello luchan, que o bien se mira para otro lado, o simplemente se ignora; a veces con argumentos tan ridículos o absurdos como que eso es de la Iglesia, que lo arreglen ellos, desdeñando que son bienes patrimoniales de la ciudad y por su riqueza artística y siquiera por cuanto aportan a la ciudad, deben protegerse y mantenerse.

Pues bien, como muestra, ahí están las restauraciones en los templos de San Miguel y Santa María o sus semanas para dar a conocer a todos los iliturgitanos, feligreses o no, su arte y su historia, sin mecenas que los apoyen en una gran parte. La voluntad y los pocos recursos de la Asociación Amigos del Patrimonio, junto a los consejos pastorales de ambas parroquias van tirando del carro de todo ello. Para honor a la verdad, sólo Caja Rural colaboró en una edición y el área de Cultura del Ayuntamiento, en instalaciones y conciertos. Ahí queda.

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