¿Qué preservamos y qué mostramos?
Imperan las nuevas tecnologías, la vanguardia en gran medida se mide desde ellas, participamos en una era de la extrema comunicación que llega incluso a la exacerbación, arrebatándonos una gran parte de nuestra cotidianidad. Sin embargo existen unas evidencias que son pilares fundamentales de la ciudad, su trayecto por entre la historia, y que nos relatan sus luces y sus sombras.
ALFREDO YBARRA
Miércoles, 11 de mayo 2016, 08:53
Son renglones escritos en los cimientos de Andújar y que han definido lo que ha sido y lo que ahora es. Y que sabiéndolos interpretar ... nos dejan muchas claves para el presente y para percibir el futuro. No soy nada chauvinista; el patrioterismo me huele a caspa y a gregarismo exaltado. Ese sentimiento de cortijo vallado no me va. Pero estaremos de acuerdo en que toda persona tiene el derecho y la obligación de conocer ese surco que viene de lejos y en el que ha venido a enraizar, crecer como ser humano y colectividad, a expandir sus fueros y sentires, en definitiva: a ser.
Pues bien, en general, en cualquier lugar cuesta mucho salvaguardar esa memoria. Cuesta mucho mantener que ese compendio medular se acerque lo más posible a lo que puede ser la verdad. Es fácil tergiversar esas páginas y arrimar la sardina que interesa al ascua de quienes ostentan en cada momento la influencia y la autoridad. Y en Andújar, concretamente, cuesta mucho defender cualquier patrimonio, preservar la memoria y darla a conocer limpia de polvo y paja. Repito, en todas partes es muy común esta actitud, pero en los lares iliturgitanos es aún más complicado.
Nos hemos cargado, o expoliado, o simplemente se ha llevado de la ciudad, o se ha dejado que ocurra, sin miramiento alguno, y lo maquillamos o pixelamos fácilmente, palacios, sensibles trazados urbanos, yacimientos arqueológicos, importantes archivos o bibliotecas particulares, singulares documentos y obras de arte, sin que de verdad haya habido contundentes objeciones, una lucha para que la ciudad no perdiera de algún modo la razón de su ser.
Todos tenemos en mente algunas de estas pérdidas, incluso en tiempos muy recientes. Algunas cosas como archivos o patrimonio artístico, generalmente de particulares o de comunidades religiosas, se marcharon de un modo lícito, claro. Pero hablamos de algo muy interesante para explicarnos como sociedad. Y en muy raras ocasiones se ha luchado para que ese rico acervo quedara en la ciudad de un modo u otro. Miro lo que tenemos, lo que nos queda, también observo muchas cosas que con empeños se pueden recuperar.
Pienso en los retales que presentamos como nuestra memoria patrimonial y siento cierto bochorno. Una sociedad que no preserve su memoria, que no active su conocimiento está condenada a la confusión y al arrebato. De acuerdo a la UNESCO, el patrimonio cultural representa lo que tenemos derecho a heredar y estamos obligados a conservar para las generaciones futuras y se entiende como el reflejo de la continuidad e identidad de nuestra colectividad ciudadana.
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