Inicio de una época dorada
A muchos nos parece que fue ayer, pero ha pasado nada menos que un cuarto de siglo desde aquella feria de 1990, que en lo taurino marcó el punto de inflexión para convertir la de Andújar en una de las plazas con mayor peso específico de la provincia, ya no sólo por tradición, sino por número de festejos.
LUÍS MIGUEL PARRADO
Miércoles, 11 de mayo 2016, 07:43
Faltaban aún ocho años para que se celebrase su centenario (que después ni se conmemoró ni nada), y la empresa Canorea dio por fin el ... paso adelante que suponía programar dos corridas de toros. Ya el año anterior, aprovechando el debut con picadores de Juan de Félix, al que apoderaba uno de los socios propietarios de plaza, la feria de septiembre había contado con dos festejos, corrida y novillada picada. Pero nunca hasta entonces había sido más de uno el número de espectáculos mayores.
La coyuntura fue la ideal, porque desde tres años atrás se había venido celebrando en la plaza de Jaén una corrida concurso de ganaderías de la provincia que, por fas o por nefas, no había obtenido los resultados esperados, hasta el punto de que en 1989 no llegó a celebrarse. Así las cosas, ese 1990 los responsables de llevarla a cabo decidieron hacer dos grandes reformas en su organización. Por una parte, las ganaderías anunciadas serían tres de la provincia y tres del campo bravo andaluz; de otra, el festejo tendría carácter itinerante por distintas plazas de la geografía jiennense, siendo Andújar el primer coso destinado a tal efecto.
Su marco de celebración sería la feria de septiembre, concretamente el viernes día 7, a partir de las seis de la tarde, y en él se anunciaron astados comprovincianos de Mariano Sanz, Samuel Flores y Araúz de Robles; mientras desde tierras sevillanas llegarían toros de María Luisa Domínguez Pérez de Vargas y Conde de la Maza, completando el cartel un ejemplar de José Luis Osborne, vacada que por aquel entonces pastaba en campos gaditanos. Los toreros encargados de su lidia serían Tomás Campuzano, Enrique Ponce y el arjonero Fernando Cámara, estos dos últimos alternativados ese mismo año. Un día más tarde, el sábado 8, la empresa Canorea programó otra corrida de toros en la que José Luis Galloso, Juan Antonio Ruiz 'Espartaco' y su hermano Francisco José 'Espartaco Chico' darían cuenta de un encierro de María Palma, que acababa de adquirir la ganadería de Eloy Jiménez Prieto.
La feria, como no podía ser de otra manera, levantó gran expectación, aumentada cuando se supo que la corrida concurso de ganaderías sería transmitida por Canal Sur Televisión, que en aquel tiempo estaba dando sus primeros pasos como cadena autonómica. Y así fue, ese viernes de septiembre, que amaneció espléndido, las unidades móviles estaban a primeras horas de la mañana aparcadas en las inmediaciones de la plaza. Por cierto, la señal de Canal Sur falló y no se pudo ver la corrida en los televisores hasta pasado el tercio de varas del primer toro.
Para entonces ya se sabía que algunos cambios habían tenido lugar sobre lo previsto. Y es que hasta tres toros de los reseñados para lidiarse hubieron de ser sustituidos. Anunciados en lujosos carteles y programas de mano donde se podían contemplar sus fotografías y procedencia, finalmente 'Hogareño', de Mariano Sanz, se lesionó en el campo y hubo de ser sustituido sobre la marcha por uno de Julio de la Puerta. También un accidente campero hizo que se cayera del cartel 'Cuartelario', un precioso cárdeno claro arromerado del Conde de la Maza, cambiado por otro de la misma vacada. Y 'Pitanguito', de Samuel Flores, que había estado aprobado nada menos que en Madrid en San Isidro de ese año, aún siendo desembarcado en Andújar no pudo salir porque en una pelea con 'Tomatito', hermano de hierro, quedó inútil para la lidia. Curiosamente, cuando 'Pitanguito' volvió al campo su dueño decidió emplearlo como semental.
No en vano tenía excelente reata y hechuras. Y acertó, hasta el punto de que cinco años después uno de sus primeros productos, 'Jilguerito', fue indultado en Úbeda por Enrique Ponce. A la postre su sustituto fue el toro más destacado de la corrida, ya que precisamente Ponce le cortó las dos orejas, únicas del festejo, que le dieron el pasaporte para salir en hombros. El que cerraba su lote, del Conde de la Maza, le dio nulas opciones de triunfo. Tampoco las tuvo Tomás Campuzano con el de Julio de la Puerta, ni mucho menos frente al colorado y muy serio cuatreño de Osborne que hizo cuarto. Por su parte, Fernando Cámara tampoco tuvo fortuna porque el esperadísimo toro de María Luisa Domínguez se acabó tras el tercio de varas y el de Araúz de Robles que cerraba festejo apenas si dio juego.
Menos aún ofertó la corrida de María Palma al día siguiente. Para empezar, su trapío era paupérrimo en comparación con el de los toros que se habían lidiado apenas veinticuatro horas antes. Pero si pobre era su presencia, más aún lo fue su juego, que dio al traste con las esperanzas de los muchos aficionados que se congregaron en la plaza al reclamo, sobre todo, del mayor de los Espartaco, por aquel entonces en máxima figura del toreo. De hecho, fue el que salvó la tarde, cortándole dos orejas al quinto de la suelta, que unidas a las que, en forma de una y una, paseó su hermano, sirvieron para que ambos abrieran la puerta grande. José Luis Galloso, viejo conocido de la afición andujareña, sólo pudo tocar solitario pelo en el que abrió plaza.
Así acabó aquella feria, histórica, porque sentó las bases para que años después se llegara a ciclos como el de 1999, con nada menos que tres corridas y una novillada, que además contaron con gran afluencia de público. Eran otros tiempos, sin duda mejores, con una empresa fuerte, solvente y capaz, llevando el timón de nuestra plaza, y con un Ayuntamiento concienciado de que el taurino, modas y gustos aparte, es el espectáculo que mayor número de personas, con diferencia, congrega de todos cuantos tienen lugar en nuestra feria. Ojalá, a no mucho tardar, podamos volver a disfrutar tiempos de semejante esplendor aunque, para empezar, tienen que cambiar unas cuantas cosas.
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