Leer en el bochorno
El verano es una época muy útil para retomar esos retos que habían quedado en un segundo plano en el resto del año. Hay tiempo, hay lugares y en ellos esferas placenteras donde echarse de cabeza a alguna lectura que habíamos dejado anclada esperando ese tiempo ralentizado que hemos convertido en arcadia de la ventura, y de aventura. La lectura siempre está a mano para el lance deleitable, es un recurso amable que siempre nos depara mucho más de lo que a en un principio nos predisponemos.
ALFREDO YBARRA
Miércoles, 11 de mayo 2016, 08:27
Los periódicos, los medios audiovisuales, personajes del mundo de la cultura, las redes sociales y todo tipo de publicaciones nos ofrecen mil propuestas para leer ... en la playa, en la montaña, o haciendo puenting en el salón de casa. Incluso cualquiera de los que intentamos opinar públicamente tenemos la tentación en cada rincón donde salmodiamos, o aprovechando la pacata etiqueta de "comunicadores sociales", a la primera de cambio en cualquier situación, de hacernos los eruditos y soltar nuestro recomendado menú de lecturas veraniegas. Pienso que siempre valen las recomendaciones, claro. Pero la intuición, la necesidad de cada persona de navegar en según qué aguas de nuestras emociones, las búsquedas y descartes hasta hallar tal vez por arte de birlibirloque ese libro que nos hace tilín, personalizan el hecho de leer y lo agigantan, cuando es uno el que escoge un camino, que quién sabe cómo y a dónde nos va a llevar.
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El verano es la época en la que aprovechamos para viajar a lugares alejados de la rutina, ya sean exóticos, cordiales, o simbólicos. Pero hay otros tipos de viajes, incluso más inmediatos, que despegan nuestra mente del aquí y el ahora para llevarnos a vivir mil episodios sin movernos del sitio. En las bibliotecas y en las librerías se nota en esta época del año un mayor trasiego de libros.
En la prensa se hacen ofertas muy llamativas para que si queremos, a un precio muy especial, nos llevemos un libro de temática que dicen apropiada, o sea que no se oferta a Kafka o Proust, para leer en verano. Y la verdad es que se ven títulos muy interesantes. Hablando de Marcel Proust, éste decía que la lectura es la amistad pura y tranquila. Leer nos sosiega las entretelas. Cuando leemos adoptamos una actitud predispuesta al descubrimiento, al diálogo, nos preguntamos desde un talante contemplativo, todo lo contrario a nuestra vorágine habitual, sobre todo de tiempo no vacacional.
Y si vamos un poco más allá, si hablamos de literatura, la verdadera literatura, la literatura creada por la tradición literaria que llega desde Homero, Cervantes y Shakespeare, nos sirve para preservar la verdad como principal valor de la cultura, para tener conciencia de la realidad, para situarnos en el universo de las ideas, para defender los principios esenciales de la condición humana. La literatura hurga en la verdad, la moral, la dignidad, la justicia, la pasión.... complementando el potencial de la naturaleza humana. La lectura literaria nos hace volver los ojos a nuestra Ítaca, a la inteligencia, a los valores de la verdad, a la reflexión para elegir, como Ulises. Y es que un libro es la mejor sombra para soportar tanto bochorno.
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