Borrar

¿Qué renglones en abril?

La ciudad llegando abril abre la puerta de su bodega y deja que salgan de los odres centenarios y ensolerados sus más abanicados aromas, el sabor antiguo de su sacro cielo. Y el buril hecho de la savia más espesa y más testamentaria de la raíz del pueblo, se dispone a cincelar de nuevo esa piedra que nos para del caminar para convocarnos a la gran celebración de nuestro ser más querencial. Una llamada para sernos en la sencilla llama que todo lo abraza, más allá de cualquier forma, de cualquier vestidura, etiqueta o color.

ALFREDO YBARRA

Miércoles, 11 de mayo 2016, 08:53

 

Sólo fondo, el profundo sonido del agua que brota en el centro del mundo iliturgitano. Andújar, la que marca ritmo y arquetipo, en estos días más que nunca se cobija en su cúpula de vivas y afanes de volantes castañeteros, y se adorna con dorado maquillaje para ensalzarse zalamera de arrumacos, con sus filigranas que son muchas, con sus valores que son enormes y con lo más purpúreo del contorno de su personalidad, queriéndose alzar a los felices astros abrileños. Hace doctrina de una parte de su tradición, y se blinda en su última fórmula de la contemplación primaveral.

Pero hay otra ciudad que bebe el néctar de abril mirando por las ventanas laterales, por las claraboyas que dejan pasar aires ecuánimes y ecuménicos. Que percibe el cometa del estremecimiento, las conjunciones del universo, viviendo en la particularidad iconoclasta, y dejando vivir. Esta otra ciudad pretende abrir la perspectiva de la médula iliturgitana. Luego resulta que son muchos, cientos, estos personalísimos modos de acompasar la vivencia, de entender el alma, las estrellas, el incienso de Andújar, que confluyen en un ágora de magnífica heterodoxia, donde todo puede ser verdad en los renglones de la andujanía y de su espiritualidad.

Son muchas las fraguas que no pretenden sumarse a ningún banderín de enganche, que a fuerza de que estrechen una calle, de que se pongan señales de prohibido, dirección obligatoria, sentido único,..., procuran transitar en los altozanos de la concordia y la participación de ideas, y, hacen plaza en la fuerza de sus sentimientos. Esta es la verdadera Andújar. Y así hay que verla y entenderla. No vale sólo ir al memorándum que dicta el amanuense que se dice del canon; hay muchas crónicas que tienen noble, vitalista e incluyente aspiración señera.

Andújar en abril tiene ojos serenos, ojos no para mirar, sino para ver el surco más amable que nos lleva a la bóveda donde el universo es un cónclave de estrellas. Andújar para quien sabe darse al abrazo, al encuentro, para los que saben que hay campanarios que siempre serán de un alto dios, que es de todos, que no tiene denominación de origen, ahora en estos días del nuevo abril es un paraíso abierto al tacto del corazón, un torrente sereno de miel, un canto estrecho de jilgueros, una semilla de campanas redoblando, una aurora que rompe los nudos de tantas cegueras. Y es volcán, y arriate, y sendero peregrino, y es cúpula de plenitud, y es incienso, si uno sabe darse como el arroyo al río, como el río al mar, como el mar al océano. Andújar ya es abril, y tiene por delante un gran reto, un legado que no pude omitir, que no puede dejar en un papel manido y recalcado. También tiene una perspectiva de constelaciones sin esquinas. La promesa y la mies, son imponentes. Y hay un niño con un papel en la mano que quiere definir a Andújar en abril.

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios

ideal ¿Qué renglones en abril?

¿Qué renglones en abril?