Un periodismo más ético
La invención de la imprenta en el siglo XV modificó sustancialmente la manera de comunicarnos. Desde entonces, toda nueva tecnología vinculada a la transmisión y reproducción de ideas e imágenes cambió ?y aún continúa haciéndolo? la manera de informarnos. Si el siglo XX fue el reinado de los medios audiovisuales (radio, cine, televisión) y de la gran difusión de los diarios, parece que el siglo XXI va a estar marcado en la comunicación por una red de redes que partiendo de internet configura una información aceleradamente global e instantánea. A estas nuevas modalidades deberá agregársele la nueva telefonía, la persona y su teléfono ? que ya no es un simple teléfono-, son un solo ente. Pese a haber comenzado como "teléfono móvil" pronto se transforma en un teléfono pero con internet, que tiene función de ordenador personal, y cámara fotográfica, y videocámara, y grabadora; y linterna, y brújula, y,..., hasta puede ser una sala de juegos,.... Nuevos medios para comunicarnos, pero que están provocando cambios profundos en las maneras en que interactuamos. Nos cambian hasta nuestro lenguaje. Eso influye ineludiblemente en el periodismo.
ALFREDO YBARRA
El periodista actual se enfrenta a una nueva realidad informativa; y aunque parezca una verdad de Perogrullo, debe tener como principio fundamental preservar la función del periodismo. Hoy nos encontramos con una nueva figura, no ya emergente, sino plenamente asentada, la del periodista de redes, un profesional global que medularmente parte desde el contexto digital. ¿Cuáles son las habilidades que debe desarrollar el periodista actual? ¿la formación de nuevos profesionales cuenta con las competencias necesarias para hacer que sus alumnos sean destacados en ese mundo de la innovación y preservando principios que enmarcan el verdadero periodismo? ¿Cuál es su futuro?
Los retos de la era de la información digital sólo podrán superarse mediante una formación sólida y adaptada a esas nuevas tecnologías que surgen en beneficio de la creación de informaciones compactas, accesibles y actualizadas. Mucho me temo que en bastantes ámbitos de la vida, de la educación y de la formación de comunicadores, estamos muy alejados de la velocidad que está tomando la realidad. Vamos desfasados, anquilosados. El nuevo periodismo debe de tener método, rigor, innovación, flexibilidad y adaptación a las circunstancias del momento. Internet nos permite tomar no sólo la postura de consumidor de contenidos, sino que también hace que se puedan horizontalizar los vínculos, permitiendo que cualquiera de nosotros pueda ser emisor y receptor de noticias, opiniones u otros mensajes audiovisuales. Y todo a nivel global y a la vez muy cercano, muy local.
En el campo de la información, el periodismo se ve afectado por la opinión inmediata y la interactividad. El gran problema es el tamiz, algo que debemos tener presente para sostener los principios de un buen periodismo. Contrastar tiene que seguir siendo principio de vademécum. Tal vez se nos haga difícil razonar que pueda articularse un intercambio de ideas serio sobre, por ejemplo, la manera de analizar la crisis en la educación, mediante la dialéctica de twitter. Pero eso ya es algo indudable. Por otra parte, ante la rapidez de la transmisión de ideas e informaciones hay una inmediatez de reacciones, lo que significa un marcado predominio de la pasión, del razonamiento apresurado sobre la reflexión y la templanza. Igualmente el lenguaje sufre una degradación y una ,no sé hasta qué grado, peligrosa simplificación en beneficio de la reacción inmediata. Creo que nos empobrecemos; el lenguaje es parte fundamental de nuestra vertebración. La posibilidad de expresarse de inmediato, con la sensación de que el mensaje puede llegar a mucha gente, parece ser más fuerte que la necesidad de pensar, meditar y ponderar. La vieja frase "Somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras" viene a pelo de esta columna. El periodismo está mutando en una continua y permanente aparición y descarte de tecnologías.
Por eso, este periodismo nuevo tiene que tener un compromiso con la realidad actual, con la verdad, con el público, con la libertad y la justicia y un compromiso con su propia profesión. No olvidemos que cada día más aunque parezca que no, junto al periodismo de la inmediatez tiene que convivir el periodismo de la profundidad, que nos entronque con la historia, con lo enciclopédico, con el conocimiento de palabras mayores. No todo vale, y tiene que haber un referente, profesional ineludiblemente. El gran esfuerzo del periodismo y de la opinión pública debe de estar en que prevalezca la seriedad y solvencia de su información e investigación, y la moderación, el juicio crítico, el debate "reflexivo" de ideas y conductas, el análisis que parta de la mirada ponderada; y todo desde una ética afinada cada día ante los peligros que las redes y su vorágine propician. Al fin y al cabo, la persona es una combinación de razón e ímpetu, y el equilibrio entre ambos debiera ser un camino a tomar.