Enrique Toral

Siempre he dicho que la grandeza de las personas va unida a un saber estar siempre, a la sencillez, y a la humildad. Un personaje alcanza el verdadero prestigio, el auténtico, lo otro es polvo de estrellas, cuando a un currículum y unos logros altamente acreditados, se unen valores humanos que denotan desprendimiento y un halo nada pedante. Por eso quiero hoy subrayar el fallecimiento no hace muchos días de Enrique Toral Peñaranda, hijo adoptivo, que era de la ciudad iliturgitana. Fallecía a los 93 sin haber dejado de trabajar con la inteligencia y lucidez que le han caracterizado siempre. Cuando un derrame cerebral lo asaltaba, definitivamente, Toral trabajaba en una investigación sobre el poeta Narciso Campillo.

Enrique Toral

ALFREDO YBARRA

Enrique Toral era el último superviviente de los consejeros fundadores del Instituto de Estudios Jienenses. A esta institución provincial donó la biblioteca más importante que hay en nuestro país sobre poesía del siglo XIX. Y es que la literatura española de ese siglo fue unos de los dos campos en los que se distinguió Toral, junto a la historia del Medievo en Jaén. Recordemos sus importantes trabajos sobre Pedro de Escavias y Andújar. Era hijo de uno de los personajes egregios de Andújar, el novelista José Toral y Sagristá, por lo que siempre estuvo bastante unido a esta ciudad. Sin embargo, las instituciones culturales de Alcalá la Real, encabezadas por Francisco Toro, supieron acoger su sabiduría, su asidua amistad, presencia para muchas iniciativas y su magisterio, con denodada constancia; crearon una fundación en torno a él y allí era permanente referente de un humanismo ejemplarizante. Eso lo hablé en diversas ocasiones con Toral, siempre amigo, siempre cordial, con su inteligencia y su lucidez sobre todo. Esas son las cosas que deberían hacernos en Andújar recomponernos, alimentar nuestra savia colectiva.

La cultura como pilar de identidad, como vértice de confluencia. Una cultura alejada del aluvión, de los escaparates de los titulares, y de las prisas, una cultura de empeños unidos, una cultura que dé prestigio, no fama volandera, sino auténtica autoridad a esta Andújar nuestra. Toral, era un hombre liberal, abierto al encuentro con todos los pensamientos, y, como todos los grandes intelectuales nunca encontró un lugar para sus ideas. Ojalá pudiéramos proyectar, como ahora se hace tan fácilmente en cualquier charla o evento, sobre el cielo iliturgitano, alguna de sus conferencias, o de las conversaciones con las que él disfrutaba. Podríamos distinguir, comparar con lo que nos encontramos hoy en día. Y como al saborear un Vega Sicilia, frente a un vino de cartón, algunos o muchos elegirían lo mejor. Ojalá Andújar nunca pierda su paladar.

 

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