Cumbres y atajos

 

Cumbres y atajos

ALFREDO YBARRA

Muchas veces cuesta cumplir con los deberes cuando uno pasa por esos procesos, en los que soy un campeón con mi magnífica mala salud, de los procesos catarrales, que te bajan las defensas (o es que ya las de por sí mínimas salvaguardas son las que abren la puerta a un constipado tras otro) y te algodonan la sesera. Pero luego, cuando finalmente me pongo frente al ordenador para redactar estas columnas, que no sé a ustedes que les pueden parecer, pero a mí me mantienen atado a la realidad, a la vida, a sentir el pulso de la calle en un amplio abanico que intento recoja sentires y querencias, emociones y reflejos de conciencias, lo que luego intento transmitir desde mi humilde perspectiva.

En el fondo escribir es un ejercicio de aprendizaje, de permanente búsqueda. Algo que necesito a diario, como leer, que para mí son dos realidades íntimamente unidas. Son una llave maestra para interpretar, comprender, apreciar, asimilar y compartir el inmenso caudal informativo que hoy ya nos rodea. Caudal informativo y por supuesto de conocimiento. Leer para seguir siendo libres. Leer para nunca cejar en la búsqueda de la verdad. Leer para sabernos incompletos y humildes, para saber que se necesita seguir aprendiendo. Leer para que crezcan ciudadanos independientes, con criterio, sentimientos y razón; solidarios y participativos; protagonistas activos de su propio contexto, donde ya casi nada volverá a ser como acostumbraba a ser.

Y es que no vivimos una época de muchos cambios. Vivimos el cambio de una época, en que todo evoluciona y se transforma de una forma imparable. Por eso, escuchaba el pasado sábado en uno de esos programas de debates y entrevistas, no sé si en Tele 5 o en la Sexta, que fui alternando, a un médico español, asesor de Obama, que el gran error que estamos cometiendo, frente a otros países que tienen perspectivas más amplias, es que ante la crisis se está recortando muy indiscriminadamente en muchos sectores. Sin embargo, como decía, hay países que intentan salvaguardar e incluso primar sectores como la sanidad, la investigación, la cultura y la educación,...En eso estoy plenamente convencido, incluso lo he escrito fervorosamente en varias ocasiones. Son sectores palanca, o llave, sin su punto de apoyo nunca podremos dinamizarnos adecuadamente.

Respecto a la cultura y a la educación, poco menos que queremos ciudadanos alelados, y sin criterios críticos. No sé, de verdad, sin echar mano a la demagogia, no me lo puedo creer, pero es que parece que nos convirtamos en norcoreanos o algo así, aunque desde el doctrinario carpetovetónico. Cada día que pasa, parece que nuestros políticos, que en definitiva marcan el panorama directriz de nuestra vida no en el plano legislativo, sino en tantos otros, parecen enzarzados en saber si por aquí o por allí hay galgos o podencos, ofuscados en un permanente conflicto de discernir quiénes son sus amigos y quiénes sus enemigos. Y por supuesto entienden que lo mejor es que el personal se adoctrine en el sector amigo. No entendemos, no hemos sabido en general ancestralmente por nuestros pagos eso de la diversidad de ideas y pensamientos, de que el conflicto no es una batalla, de que el debate no es un ring, de que se puede convivir con ideas diferentes, e incluso se necesita muchas veces confluir en el consenso.

Y en cuanto al meollo del artículo de hoy, sí quisiera recalcar que estamos cambiando el conocimiento por la información. Estamos dejando a un lado ese trasminar lento en nuestra razón y en nuestro espíritu que significa el conocimiento verdadero, con su experiencia, con su tiempo, con su introspección. Y hoy lo que antes era saber se está centrando en la información instantánea que nos ofrece internet y todo el mundo de las nuevas tecnologías. Que para mucho es bueno, pero no para todo y especialmente para ese humanismo que hoy con urgencia necesitamos frente al seísmo de la crisis, de la crisis de valores.

Yo al menos aún necesito escribir, y leer, con concentración, atención y en mi silencio, que puede ser sonoro; todavía no es algo arcaico y prescindible. Dice Nicholas Carr, Internet ofrece tal cantidad de posibilidades que finalmente acaba distrayendo la atención antes reflexiva, concentrada, atenta de la mente lineal, ahora desplazada por otra nueva que quiere diseminar información resumida, superficial, poco conflictiva. Así que nuestras costumbres están cambiando y el mundo muy pronto será distinto. Muchos días al anochecer me asomo al balcón, y me doy cuenta de que los jóvenes que pasan, ya sea solos o en grupo, en su gran mayoría llevan el móvil en las manos y no están plenamente viviendo el momento físico, ambiental y humano, que les rodea; están en otra circunstancia diferente, virtual. Como escribe Ong en su libro Oralidad y escritura, las tecnologías no son meras ayudas exteriores, sino también transformaciones interiores de la conciencia y, sobre todo, cuando afectan a la palabra. Pero las nuevas tecnologías no son enemigo de nada, son un gran apoyo. Pero deberíamos de saber digerir su gran significado y dejar que apoyen y no sustituyan la profundidad del razonamiento. Sus atajos son importantes pero deben de enseñarnos también la grandeza de la progresiva ascensión vivencial a las cumbres.

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