El Ateneo y su tiempo

Hace unos días tuve la suerte de poder tener una conversación tranquila, de las de antes, con Valentín Cisneros. Durante muchos años ha ejercido la medicina en la ciudad, ahora se encuentra en esa edad de la jubilación merecida. También ejerció durante mucho tiempo la presidencia de del Ateneo de la ciudad. Recordamos aquellos años ateneísticos, y, como comparando ese tiempo con el actual, éste es un erial a nivel de actividades culturales de peso y de participación ciudadana en ellas. Y no, no es que piense que cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero no cabe duda de que aquellos años de la transición y de los primeros pasos de nuestra democracia fueron de un verdadero apogeo cultural en la ciudad. Porque el contexto cultural, el pensamiento, la creatividad, los razonamientos emanados desde esa perspectiva reflexiva que depara la cultura influyó mucho en evidenciar una ciudad en el primer plano de la actualidad.

El Ateneo y su tiempo

ALFREDO YBARRA

 

Andújar se convirtió en una ciudad de referencia. En cierto modo, en aquellos momentos la cultura sirvió como moduladora, como conciencia de la vida pública. La política miraba a la gente de la cultura con respeto y al mismo tiempo que intentaba llevársela al huerto, como ha ocurrido siempre a lo largo de la historia, se dejaba aconsejar mucho más que ahora por ella. La cultura de Andújar, entonces, creó conciencia colectiva, mejoró el sentido de pertenencia de los iliturgitanos a su comunidad.

Al mismo tiempo que se desarrolló una cultura de calidad, de prestigio, pero no para las élites solamente. Eran los tiempos donde hubo una Casa de Cultura que fue excepcionalmente vanguardista y vigorosa en referencia al acontecer ciudadano. La Casa de Cultura era un poco como una casa grande de la cultura, donde todos podían caber, donde todo tenía cabida. La gente podía encontrarse en su especie de bar y hasta altas horas de la noche se formaban corrillos en torno al flamenco, a la literatura, al teatro,.. y donde a lo mejor se sumaba a la tertulia un prestigioso artista que ya unía lazos para aportar nuevas vías de actividad.

Eran tiempos de la Universidad Popular, con esa filosofía primera (hasta que la política se dio cuenta de que este proyecto con su incardinación en todas las capas sociales podía ser peligroso críticamente con sus ansias de poder) tan universal de crear una ciudadanía que cimentara sus principales valores públicos en la educación y en la cultura. Y fue tiempo del Ateneo, que como asociación privada, se generaron actividades de mucho nivel sin mirar ideologías. Pero lo importante no era que se hicieran cosas, sino que la cultura calaba, trasminaba la médula iliturgitana, y en la ciudad se palpaba, tangiblemente, un espíritu más esencial.

 

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