De un lugar llamado concordia
Con pasos cortos pero decididos se acercaba como cada día al banco testigo de sus magníficas tertulias. Sus ropas planchadas y limpias y sus zapatos relucientes como el sol de primavera le distinguían entre los demás. El clima del lugar invitaba a ello y cómo no, se aprovechaban de esa bonanza climatológica para dilatar sus vivencias y demostrar a quien quisiera escucharlos, que ellos tenían madera de roble. Iba acompañado de un bastón, inigualable utensilio al que mil veces al día le daba las gracias por ayudarle. A las personas octogenarias, no a todos, claro está, les viene de maravilla para mantener ese equilibrio que con el paso de los años se ha ido perdiendo por el natural desvío del centro de gravedad y anquilosamiento de sus extremidades.
BELÉN CUETO
Antonio había sido agricultor en un pueblo donde la agricultura era una de las ocupaciones primordiales de los varones. Estamos situados en el tiempo en el que las mujeres casi por completo se dedicaban a las labores de la casa y a la difícil tarea de criar a los niños. Estos retoños carecían de las comodidades de la actualidad pero no les faltaba de nada de lo que ellos pudieran darle. En esta época los hombres presumían de serlo y en cualquiera de sus actos se advertía nobleza, espíritu de sacrificio y lealtad difícil de igualar.
Antonio era un buen hombre y crió a su familia con el sudor de su frente, con su desvelo e interés en el duro trabajo que a diario llevaba a cabo en la tierra que le vio nacer.
En la plaza donde se ubicaba el banco, existían unos jardines muy vistosos por lo florido y cuando la ligera brisa de levante soplaba, el aroma del jazmín se enredaba con el de las madreselvas y el aroma del rosal con el del romero. Junto a la farola mayor del centro del lugar, una estatua modelada en bronce de una persona que encarnaba al agricultor por excelencia, una barca del mismo material tipo chalana y un pescador junto a ella que con algunas artes en sus manos escenificaba un día de arduo trabajo en la mar. Todos lo eran a tamaño natural.
Ángel, a semejanza de su amigo Antonio, deseaba cada día encontrarse con él para platicar de sus mundos y contar a los cuatro vientos sus aventuras marineras, de la aguja de marear, del cuaderno de bitácora, de la pacotilla, de sus pescados, sus dificultades y peligros cuando la mar se ponía brava y de sus rezos a la Virgen del Carmen para que le sacara ileso del temporal al igual que a sus compañeros.
Era un buen hombre Ángel también y con ayuda de su esposa, inigualable como la de Antonio, supieron sacar adelante una numerosa familia no sin ímprobos esfuerzos.
Pasaban una y otra mañana sentados en el banco de las tertulias que a la sazón era el que más cerca estaba de las figuras inanimadas si bien al escucharles parecían tomar vidas aquéllas pudiéndose ver al agricultor sembrando y al pescador en plena faena rodeado de redes y anzuelos, faenando con su palangre.
Ángel era algo mayor que Antonio y la vida no les fue fácil en ningún momento, siempre tuvieron en el trabajo y la familia sus principales quehaceres y en su pueblo eran respetados por su condición de hombres cabales.
Defendieron durante sus vidas y sin escatimar esfuerzos sus ocupaciones que aunque mal pagadas eran el sustento de sus hogares.
San Isidro labrador también fue el destino de innumerables rezos porque no siempre llovía a gusto de todos.
Contribuyeron al igual que muchos otros a levantar un país caído. No habían sábados, domingos ni fiestas, ni puentes, ni cuarenta horas semanales y por el contrario sí escasas o nulas vacaciones, mucho sacrificio y poquísima seguridad en el trabajo.
Ahora, como premio y pago, nuestros gobernantes de turno no tienen en cuenta sus penalidades y consideran que las pensiones que nuestros protagonistas deben cobrar, han de ser sometidas a recortes.
¿Realmente van a conseguir algo con ésto? ¿No se dan cuenta ustedes que ellos son el sustento de muchas familias? ¿Tienen que pagar tanto desastre?
Si quitamos unos cuantos políticos (o muchos), duplicidades de competencias, teléfonos móviles, cargos de confianza, vehículos, senado, autonomías, algunos ayuntamientos, etc. etc. ¿Cuánto se ahorraría? Si vivieran como otros políticos de países con mayor renta per cápita que el nuestro en viviendas iguales al resto de los mortales, ¿Se ahorraría? Si cuando por razones de trabajo al viajar a otras naciones lo hicieran en vuelos convencionales y con menos séquito, ¿No se ahorraría?
¿No se ahorraría también si quitamos el sueldo vitalicio a los políticos que lo tienen? ¿Qué es lo que han hecho estos señores para que de por vida tengan esa asignación? ¿Han cotizado todos ellos lo que se nos exige a los demás? ¿No son estas personas las que tienen que dar ejemplo por eso de ser cargos públicos?
Quizás es que han trabajado tan fatigosamente como Ángel y Antonio o cualquier otro trabajador contemporáneo a éstos. Mientras se deciden a tomar alguna resolución justa al respecto, esperemos que los que se han llevado lo que no se tenían que llevar, por el bien común, lo devuelvan, (y yo me río para mis adentros y me digo que todo es cuento y que van a devolver lo que yo sé y no quiero decir por eso del mal tono).
En el diccionario tienen su sitio las palabras corrupción y prevaricación y también hay otras en el mismo libro como agricultor y pescador. Me quedo con Ángel y Antonio y detesto, oponiéndome resueltamente a cualquier medida que les suponga la más mínima merma de sus condiciones económicas, de sus pensiones por decirlo más claro. Tomen buena nota; ustedes mañana, sí, los de los recortes y los que provocaron que se llegase a esta situación tan dramática, no tendrán categoría para sentarse en el banco de la Plaza de "La Concordia" y les señalarán con el dedo por lo mal que lo han hecho y a donde nos han llevado. Carecen de la talla que tienen las personas cabales.
El pueblo está con nuestros mayores, no con ustedes. Tal como dijo Tierno galván "El poder es como un explosivo o se maneja con cuidado o estalla".