La venta de carburante desciende entre un 15 y un 40%, según las zonas de la ciudad
La venta de la gasolina ha descendido entre un 15 y un 40% en la ciudad, en un año en el que también ha subido de una forma considerable. Esta oscilación depende en el enclave de la ciudad en la que se sitúen las gasolineras. Fulgencio García Larios es uno de los dueños de un importante centro comercial agrícola, ganadero e industrial (que también se dedica al suministro de carburante y mantenimiento de los camiones de transporte) y señala que el consumo de carburante se va aminorando, porque los transportistas padecen el descenso de las mercancías. Su negocio ha visto como ha descendido el consumo de combustible en algo más del 15% respecto al año pasado, "las empresas tienen menos trabajadores, por lo que disponen de menos furgones y vehículos", precisa García.
JOSÉ C. GONZÁLEZ
Golpe al transporte
El precio del gas-oil ha subido en este último año entre un 7 y un 12%, por lo que se consume menos carburante, que cada vez está más caro. "Esto incide de una manera muy negativa en los profesionales del transporte, que amenazan con la ruina, porque cobran lo justo para cubrir los gastos", constata este conocido empresario de la ciudad, que está expandiendo la venta de sus productos, como el pienso en varios puntos de Andalucía y Castilla-La Mancha, para combatir la crisis y seguir generando riqueza.
Gregorio Muñoz es uno de los propietarios de la gasolinera que se incrusta en el Camino del Cementerio, justo en el cruce de la carretera de llega hasta el poblado de La Ropera. Señala que sus beneficios se han reducido casi hasta la mitad, porque al ser una zona agrícola, la escasa cosecha de aceituna ha incidido negativamente en su negocio, "apenas se compra ropa para las faenas del campo, y se le echa mucho menos a la maquinaria agrícola al moverse menos", afirma. También ha percibido que gente del entorno ha perdido su empleo y apenas viene a llenar los depósitos.
Supresión de turnos
En otras gasolineras que se hallan ya en el centro de la ciudad, las ventas de carburante llega hasta el 20%, como mínimo. Testimonios de los trabajadores coinciden en señalar que la gente ya no llena con alegría el depósito. Ahora se dedican a gastar lo que va a consumir muy al contrario de lo que sucedía con anterioridad, donde se gastaba más del trayecto que iban a realizar. La pérdida de poder adquisitivo de las familias, por culpa del paro, han incidido en esta circunstancia, que también ocasiona que en algunas gasolineras se tengan que cerrar el turno de noche, por lo que desencadena pérdida de puestos de trabajo. El descenso de las ventas en las tiendas es aún mayor que la caída del consumo de gasolina.
Otro hecho que atestigua la caída de venta de carburante es el gran espacio de tiempo en el que los vehículos están encerrados, que motiva el desplazamiento de las grúas para ir a arrancarlos.