Nuestros hijos II

Él era el benjamín de la casa pero no por eso siempre tenía que salirse con las suyas. Como en cualquier otra familia, los hermanos, además de ejercer como tales, lo hacen como "adversarios", aunque esta no sea la mejor palabra para definir ese tipo de lid natural. Se entretenía horas y horas con algunos de los juguetes que le quedaban de su hermana Eva y ponía más interés en estos que en los suyos propios más nuevos y recientes. Tres años separaban las vidas de ambos y su mamá lo recibió con igual ilusión y cariño que a la primogénita.

Nuestros hijos II

BELÉN CUETO

Su ginecóloga durante la gestación fue la Doctora Jove, la misma que la atendió en su primer parto y en otras cosillas más. Ni contar la alegría que embargó el hogar cuando se supo que mami traería al mundo un varón. Sabía ella, antes que la doctora, por ese instinto natural que poseen las madres, que era niño el feto que criaba en sus entrañas.

Le llamó Juan por eso del santoral. Eran las siete de la mañana y en el quirófano de la Clínica "San Francisco", ese 24 de junio una mujer valiente le trajo al mundo. Durante esa jornada no hubo más partos y tanto la matrona como las enfermeras se rifaban acunar a Juan quien pesó cuatro kilogramos a su nacimiento.

Le dieron los mismos cuidados que a su hermana y en la misma guardería donde ella acudió, comenzó a asumir sus pequeñas responsabilidades y aprendió a compartir esas cosillas de su diminuto mundo.

Es aplicado en sus estudios de la infancia y así, alternando libros con juegos, se ve matriculado en la E.S.O. Sus compañeros de clase, unos más espabilados que otros, son sus amigos del barrio y sus vidas transcurren paralelas en todos los sentidos. Juan se deja influenciar en numerosas ocasiones por algunos de sus más íntimos colegas y un día, recién terminados sus estudios de bachillerato, dice en casa que no quiere seguir estudiando, que quiere trabajar y empezar a ganar dinero como alguno de ellos.

Es el "boom" de la construcción y el momento fácil de encontrar trabajo en cualquier zona turística. Por más que sus padres le insistieron para que no dejara los estudios, Juan erre que erre, se va a la Costa del Sol (en el turístico pueblo de Mijas se asienta) y comienza a trabajar en unión de otros amigos, algunos de los cuales ya lo habían hecho con anterioridad y fueron estos los que verdaderamente le arrastraron a su nueva vida laboral.

Nunca le faltó nada durante toda la vida si bien en su hogar se miraba por la economía como norma fundamental. Sus primeros pasos en la constructora lo fueron como peón de albañil lo que le permitió comprar un buen coche, a plazos lógicamente. Vestía muy bien, como cuando estaba en casa, pero se permitía unas licencias que no conoció hasta entonces. Entre otras cosas, buenas colonias, alguna que otra fiesta de más, mucho trabajo también y poco ahorro como es lo normal cuando se tienen dieciocho años.

Juan es el más responsable del grupo y pronto progresa; lo hacen oficial por lo que sus emolumentos son algo mayores que el de sus compañeros. Raro es el fin de semana que no vuelve a casa para estar con los suyos y para cómo no, estar con Susana, la amiga de su hermana Eva que le hace tilín.

Cuando la relación sentimental con Susana parece estar consolidada, deciden ambos comprar un piso, con el beneplácito de sus padres pero también con el consejo de estos para que la compra no fuera muy elevada. Citada adquisición se vio consumada admitiendo los consejos recibidos. Es feliz pues tiene todo lo que desea.

Como por arte de magia y de la noche a la mañana, la constructora donde desarrolla su labor profesional, quiebra al igual que otras del mismo sector y Juan no es capaz de encontrar un trabajo para su cualificación. Lo intenta una y otra vez con resultado negativo y finalmente regresa a casa desesperado, donde sus padres le reciben con los brazos abiertos al igual que los bolsillos.

Ya no posee la capacidad económica de los últimos años, no puede casarse con su chica como tenía previsto y empieza a escasearle el dinero. Mientras está Juan en casa no le falta de nada pero todo el socorro que percibe del paro no es suficiente para pagar las últimas letras del coche y hacer frente además a la hipoteca del inmueble.

La aventura de Juan ha valido para que tanto sus padres como nuestra Eva (que sueña con encontrar un trabajo digno y regresar del extranjero), se hagan cargo de lo que se debe del piso. Juan ante la situación de inactividad que vive, ha retomado sus estudios y espera que en un futuro próximo, este país llamado España, le dé un trabajo para poder saldar sus deudas y devolver a sus padres y a su hermana todo lo que de ellos ha recibido.

En este caso la entidad bancaria prestamista, de momento y afortunadamente, No tiene ni otro piso para desahuciar ni otro coche que subastar. Esta es la historia de nuestro Juan, de Roberto, de Ángel, de Jesús... Nuestros Hijos, nuestro futuro.

 

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error

[]

Nuestros hijos II

[]

Nuestros hijos II