Acaso los poetas
Un amigo me habla de las columnas que escribo. Me dice a raíz de mi papel reflexivo que comentando alguna de mis columnas con su hijo, éste le dice que sí, que mi comentario va en tal o cual línea, pero que se queda en el limbo de los poetas, porque este que les escribe, en el fondo, es un poeta. Me lo comenta como una crítica en cierto modo. Ya quisiera yo tener yo un verdadero fondo de poeta. Cervantes hubiera dado todo en la vida por ser poeta. Pienso que dada la realidad que hoy tenemos sería muy importante impulsar una escritura de ideas, o bien, citando a Milán Kundera, una metáfora que piense.
ALFREDO YBARRA
El poeta trata de registrar lo fugaz de lo cotidiano, eso que sin poesía convertimos en algo desteñido, fugaz, superficial. El auténtico poeta deteniéndose en pequeñeces sustenta la grandeza de un universo que nos hace sostenible el vivir. Los poetas no olvidan, transforman los recuerdos, los vuelven presencia, murmullo donde antes sólo había silencio. Memoria poética frente a olvido histórico. De ahí la importancia que posee el artista para mantener presente el gran edificio de una cultura y evitar que esta se convierta en erial. Y si hablo del poeta es al hilo del comentario del hijo de mi amigo. Pero podemos ampliar el referente de esta columna a la mirada estética, al asumir el compromiso con la existencia desde una médula artística.
El poeta es un paradigma que se refleja en quien antepone una permanente mirada creadora; pero sin que sea adrede, sino que es consustancial a su devenir. Su pulsión está en eternizar el instante inmediato, plenamente vivido como un todo, sea pobre o exuberante, cruel o colmadamente feliz. Einstein mantuvo durante toda su vida el sueño de ser músico. Los poetas siempre sueñan. Y soñar es lo que necesitamos en estos momentos que nos empeñamos en convertir en aciagos. La lucidez del poeta fusiona la pasión soñadora, siempre indagadora de luz, ya sea en la altura del horizonte, como en lo profundo del submundo, con la razón crítica, como un rechazo a lo fosilizado. Frente al lenguaje carcomido y huero se yergue con la necesidad profunda de transformarlo, estremecerlo, subvertirlo. La sensibilidad a flor de piel, la emoción. La poesía conlleva valentía para desentrañar el lado oculto de lo real y para fundar otras realidades, posiblemente aún no horadadas.
Octavio Paz dejó escrito: "Cambiar el lenguaje no es cambiar al mundo, pero el mundo no cambia si antes no cambiamos el lenguaje" que en definitiva es pedir al artista y al poeta que sostengan una actitud crítica y de reflexión sobre el lenguaje; lo que va más allá del campo creativo y atraviesa el económico, ético y político. Escribir como quien muere, dijo algún poeta. Escribir para sobrevivir en cualquier conciencia en que nos encontremos ahora o en otros siempre. Vocación que surge, como dice Rilke, de la humana necesidad de nombrarse, de justificar una vida. Juan Ramón Jiménez también decía: "inteligencia, dame el nombre exacto de las cosas". Y es que escribir, ser poeta, es justificar la existencia sobre la tierra en una mirada desde el otro lado de nuestros espejos.