Carta a Nuestra Señora de la Cabeza. ¿Año nuevo vida nueva?
Ya sé, amada Madre, que Tú te ríes de esa filosofía vulgar que pone motes a las cosas para vulgarizarlas con metáforas y otras menudencias sonoras para engañar a los indoctos. Así, se dice que salimos del año viejo y entramos en el año nuevo para empezar vida nueva. Año nuevo, vida nueva... Te ríes Tú de esto y me río yo. Los años, por ejemplo, no son viejos ni nuevos, como los trajes que vestimos. Es el tiempo el que desfila ante nosotros, dejándonos huellas de su paso: arrugas en la frente, blancura en el cabello; desilusiones en el corazón y cansancio en el alma.
FRANCISCO FUENTES CHAMOCHO
Nada es nuevo ni viejo. Todo sigue igual. La medida de los años es un artificio convencional que figura en el almanaque. Cada hoja es un día. Es un suspiro que se pierde en el vacío, una hoja seca que se desprende del árbol del corazón.
¿Cómo se medía la vida humana antes de Jesucristo? Se vivía y se moría. Eso era todo. Lo de ayer se repite hoy y lo de hoy se repetirá mañana. La mudanza consiste en ligeros matices. Lo sustancial pervive. El Tiempo es, simbólicamente, un viejo barbudo de luengos y albos cabellos, la sonrisa siempre burlona, la balanza con que mide severamente nuestra conducta, en una mano y en la otra el fatídico reloj de arena, recordándonos la fugacidad de la vida y que estamos sujetos a vigilancia cuidadosa mientras los granos van cayendo lentamente, hasta que cae el último, símbolo del fin de nuestra vida.
Podría tener exactitud el conocido y bien manoseado tópico de "Año nuevo, Vida nueva", si la honestidad rechazara la impureza; si la fidelidad no se quebrantara por la traición; si la fe no experimentara el gusanillo de la incredulidad; si la semilla del bien no diera la cosecha del mal; si la amistad no se empañara con la incorrección; si la verdad no se cambiara con la mentira; si la gratitud no fuese vencida por el olvido; si la fraternidad no se convirtiera en odio; si la generosidad no fuese disminuida por el egoísmo; si al corazón y al espíritu no llegaran las impurezas del deseo; si la nobleza y la educación fueran correspondidas debidamente; si la paz no se alterara por el huracán de las pasiones; si la omnipotencia divina no fuese discutida por la vanidad y el orgullo humanos... Pero si el contraste continúa y "el demonio pinchapapas" sigue tan trapisondista y pernicioso como siempre y los hombres siguen matándose como si fuesen hormigas, no habrá vida nueva por mucho que se filosofe y se especule con esa engañosa metáfora...
¿Verdad, Virgen mía, que tendríamos vida nueva si lo morboso e inhumano acabasen de una vez? Entonces, nuestro espíritu se vestiría de gala como para las más vistosas solemnidades.
Yo entraré (D. M.) en el año 2013, que llaman nuevo, tan esperanzado como en el anterior en el seno familiar (no exento de amarguras), aunque en el fondo de mi ser existe el mismo vacío y la misma soledad, sumando desengaños y mentiras, en el entorno que ha rodeado mis últimos "años nuevos" en ámbitos de amistad, profesión, peña, y cofradía..., acaso anulándome a mí mismo, anonadado por los que dudan de mi servicio, mi sencillez, mi honradez y mi nobleza. No me asustan el peso de mis años ni mi deterioro físico, en tanto yo tenga firme la fe y el amor; la alegría y ternura de mi corazón y la serenidad y bienestar de mi alma. ¿No es esto lo que Tú quisieras de todos, Morenita? Y como creo que escucharás estas consideraciones mías con amorosa complacencia, cierro esta carta, que no la quisiera triste, sino canto jubiloso de alabanza a Ti y a ese Niño, tu Divino Hijo, que ha de presidir nuestros días durante 2013. ¡Feliz Año para todos!