Nuestros hijos
Ella había soñado en el transcurso de su vida con esos momentos tan felices en innumerables ocasiones. La deseaba con todo su corazón y ya notaba como su cuerpo, poco a poco, se iba transformando. Estaba embarazada de cuatro meses y su optimismo y ánimo valían más que las recomendaciones de su ginecóloga, a la cual había acudido en otras ocasiones. A las siete de la tarde de aquel día le harían una nueva ecografía y, si todo transcurría con normalidad, le dirían el sexo de la criatura. ¡Niña, será una niña, dijo la doctora! Lágrimas de felicidad corrían por sus mejillas y por las del futuro papá. Ambos eran primerizos y esos momentos de oro hay que vivirlos para saber interpretarlos. La gestación llegó a su fin en el tiempo previsto y Eva, a partir de entonces formó parte de sus vidas.
BELÉN CUETO
Se fue criando como una niña alegre, traviesa y demostrando su inteligencia desde muy pronto. Ya en la guardería compartía juegos, material, recibía sus primeras enseñanzas y destacaba entre los demás. En primaria, de las mejores, era aplicada y no hubo que recordarle nunca sus obligaciones escolares. En secundaria, seguía los mismos pasos, finalizando con sobresaliente. Poco a poco se iba haciendo una mujer, llegan sus primeros amores y desamores y un punto de rebeldía propio de la edad. Eva, tras dos años de bachillerato acaba éste como siempre, con excelentes notas y concienzudamente se prepara para obtener buenos resultados en la temida selectividad.
Su nueva ciudad la recibe en una residencia de estudiantes donde conoce a otros jóvenes con sus mismas inquietudes. Sus padres y su casa están lejos, ya no tiene esa protección familiar tan próxima pero vive una etapa de libertad ganada a pulso. Libros y más libros, apuntes, fotocopias y clases; un dilatado tiempo de resignación sólo dedicado a sus esperanzas de futuro. Son continuas y largas las noches de insomnio por el estudio y por los nervios también, sin poder salir de fiesta con la frecuencia que gusta a esa edad y sin disfrutar de su "noviete" como ella quisiera.
Los gastos económicos que una carrera universitaria genera, para conocerlos, sólo hay que hablar con los padres de los estudiantes. Durante esta etapa una abultada cantidad de las posibilidades de la familia iban para Eva: matrículas, libros, residencia, comida, ropa y algunas cosas más....todo por el futuro de su niña. Le apareció el desánimo cuando cursaba cuarto de ingeniería industrial, esas cosas que le llegan a buen número de estudiantes y que obedece quizás a la presión, a la incertidumbre de si seré capaz o no, en fin, gracias a la providencia, este bache se superó.Mientras tanto, sus padres siguen con el sacrificio pero al mismo tiempo, la alegría de ver pronto el final de los estudios de la niña.
Por fin llega el día soñado, el proyecto fin de carrera ya ha sido expuesto ante el tribunal calificador y Eva obtiene matrícula de honor. La realidad de la vida se le va apareciendo; es guapa, con estudios universitarios recién acabados y un dominio del inglés casi perfecto. Sus padres tienen a Eva, (su niña chica), en casa y entre todos (familiares, amigos y algún que otro profesor) quieren para ella ese trabajo soñado y con ahínco no escatiman esfuerzos en presentar su currículum vitae por doquier. Eva, mientras tanto, hace un máster en una populosa ciudad lejana para que se vean reforzados sus conocimientos de ingeniería. Pasan los meses y el trabajo no llega, la decepción se apodera de ella. No le queda más remedio que formar parte de las listas del paro. El futuro no es nada halagüeño y piensa que su aventura estudiantil no ha merecido la pena tanto por su esfuerzo como por el gasto originado a su familia.
En España no hay trabajo para este ejemplo de estudiante, para una chica sobradamente preparada y Eva coge las maletas y algunos libros y prácticamente a la aventura viaja hacia un incierto porvenir a uno de esos países donde pueden contratarla. Es irrisorio el contrato que firma y se considera subestimada, desea volver pronto y noche tras noche sueña con un futuro mejor en su país, donde lo ha dejado todo.
¿Por qué permitimos en España esta aberración? ¡Cuánto dinero y esfuerzos tanto por parte de la familia como del Estado! Estamos exiliando a nuestros talentos y otras naciones se están beneficiando de la mejor juventud que jamás hemos tenido. El mundo está al revés y ya es hora de una vez que se hagan eco nuestros dirigentes y grandes empresarios para no permitir, bajo concepto alguno, esta barbarie y que nuestros jóvenes, sobradamente preparados, tengan un futuro digno y esperanzador aquí en su tierra, la tierra que les vio nacer.
Esta es la historia de nuestra Eva, de Ana, Iván, Juán Pedro Elena, Silvia....Nuestros hijos, nuestro futuro.