Un pueblo auténtico

Una de las preguntas fundamentales en nuestra vida debiera ser sobre saber reconocer nuestra propia identidad; una identidad personal, pero también colectiva.. El hombre y a otro nivel el pueblo que no se conocen, que no han emprendido la aventura de intentar responder a esta pregunta fundamental, difícilmente podrán responder a su vocación a la plenitud. En vez de edificar la vida sobre pilares sólidos, nos empeñamos en construir todo un universo de mentiras, de espejismos y alucinaciones, de máscaras, que nos convierten en lo que no somos. Y la apariencia al final no cala y nunca llegamos a satisfacer nuestras expectativas. Así la ansiedad nos ofusca y nos aleja de un verdadero horizonte.

Un pueblo auténtico

ALFREDO YBARRA

Ni tan siquiera nos damos cuenta de lo importante de emprender el camino. La máscara aparenta lo que no se es y oculta luces, sombras y fantasmas, que no van a dejar de estar. A veces el disfraz se va volviendo cada vez más pesado y cada vez más se incrusta en la piel si es que no sabemos quitarlo, al menos por terapia. En definitiva no sabemos o no nos interesa retornar al núcleo profundo y esencial de los dinamismos fundamentales que nos toman el pulso y hacen una valoración de lo que somos, de dónde estamos, de lo qué queremos y de su para qué. Nos basta con el ir tirando, sin preguntas. Porque no existe mejor discurso o interpretación que el testimonio de la coherencia ética a nivel individual y a nivel de grupo humano.

Y es que quien no vive como piensa, termina pensando como vive. Hay un camino para sentirnos cohesionados como pueblo y deberíamos tomarlo con prontitud. Ya no valen las más caras ni las medias tintas ni las palabras hermosas de cara a la galería. Ser auténticos tiene un precio, pero también la recompensa de que sólo así, siendo fidedignos a nuestras carencias, intereses, fortalezas y oportunidades podemos plantear una proyecto vivo y regenerador que nos ponga en un lugar privilegiado y con posibilidades de alcanzar lo que nos propongamos. Oscar Wilde dijo que "la finalidad de la vida es el desarrollo de uno mismo". Hoy día la gente tiene miedo de sí misma. Y se esconde, y se disfraza. Y se ha olvidado el más alto de todos los deberes, el deber que un pueblo tiene consigo mismo, con su naturaleza, con su historia, con sus deseos.

Recuerdo una frase de Miguel Delibes: "Toda la estética de mi obra no hubiera surgido sin una ética de fondo". La autenticidad requiere un esfuerzo que vale la pena asumir, frente a tanta hipocresía. Un pueblo verdaderamente vivo busca tener una visión clara de cuáles son sus propósitos, enfoca su futuro y sus principales centros de valor, y se activa.

 

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