Auseva, cuna de la Hispanidad
El mes de mayo llegaba a su fin. La jornada del día 28 fue fría, muy fría diría yo. La niebla intensa que era llevada y traída por un leve viento del norte, inundaba los riscos, hacía que se confundieran los senderos, impedía ver el amanecido día y un ligero orbayo calaba hasta los huesos. El año 722 de nuestra era fue especialmente lluvioso y húmedo.
BELÉN CUETO
Los habitantes del agreste lugar dan nombre a cada árbol, a cada peña, la orografía del terreno les es familiar, sus hijos se amamantan de la naturaleza viva. Los ríos van crecidos y en ellos además de beber y pescar los cristianos también calman su sed y su hambre los osos. Unos cientos de valientes herederos de los visigodos se hacen fuertes en los Picos de Europa. De frente tienen una hispania ocupada desde hace once largos años y a sus espaldas una mar bravía propiedad de nadie.
D. Pelayo, que así se llama el rey que está llamado a vencer, se apoya en un acebo y hace de forma involuntaria que se levanten inesperadamente una pareja de urogallos. Arenga a sus seguidores con fervientes promesas de triunfo. Las armas están dispuestas para el combate y el cuerpo a cuerpo impregnará de rojo carmesí el verde manto que cubre el suelo.
La batalla tenía que llegar antes o después si bien la desigualdad de las partes hacía que el reconocimiento y valor de la victoria fuese más recordado con el paso de los tiempos pues unos cientos de aguerridos nativos infligen la derrota más humillante a varios miles de sarracenos ansiosos de conquista. Al final del día huyen en desbandada los moros más afortunados y los menos, yacen inertes de cualquier forma mezclados con el follaje del lugar.
Se inicia la reconquista en AUSEVA, cuna de la hispanidad, donde la cruz de su rey aún permanece en la cumbre con su alfa (?) y con su omega (?). Tendrán que pasar muchos, muchos años y generaciones para que esta reconquista se vea ultimada.
Granada, 1.492.
Cuántos saqueos, razzias, penas, idas y venidas, capitulaciones, cercos a poblaciones, calamidades y desgracias han vivido nuestros pueblos hasta llegar a la Granada de la Alhambra.
España, 1.978.
La rapidez del paso de los tiempos nos lleva a dar con la mejor manera de gobierno posible, la democracia parlamentaria, tan ansiada por todos los españoles. El pasado reciente ha sido algo convulso. En la democracia tienen cabida todas las opciones políticas, ¡claro está!, pero que respeten las reglas del juego. Se han sumado esfuerzos entre comunidades, se ha repartido entre ellas lo que los gobernantes de turno han creído oportuno tras ejercer sus mandatos con plena libertad pues ese derecho se lo dan las urnas. El pueblo es sabio.
España en la actualidad.
Hemos vivido en un estado de bienestar que creíamos indestructible y cuando la realidad ha imperado, resulta que somos gigantes con pies de barro. Comunidades autónomas que creíamos eran ricas resulta que presentan balances de cuentas negativas y otras más pobres que creíamos ya sucumbidas, aún resisten.
¿Puede el estado central hacer frente a todas las necesidades de estas regiones y caso positivo, hasta cuándo? ¿Se puede votar todo en democracia? ¿La constitución española que igualmente fue votada libremente es obligado que perdure en el tiempo o por el contrario debe un comité de expertos actualizarla si esa es la palabra correcta?
La patata caliente está servida y hasta se oyen voces de responsabilidad penal para los líderes de las comunidades autónomas que no cumplan con la legalidad vigente en cuanto a llevar a sus ciudadanos a un incierto destino. El poder de la razón vencerá pero vaya papeleta que tienen nuestros representantes políticos.
La comunidad internacional va por la senda de la unión plena, algunos de nuestros pueblos, sin recordar lo duro que fue el pasado, quieren recorrer por libre otros caminos o eso parece. Tengan exquisito tacto los políticos que decidan estas cuestiones de calado, no cejen en el empeño de intentar llegar al entendimiento, a la fraternización de nuestros pueblos, miren atrás y reconsideren lo que ha costado la unión actual, que no ha sido un camino de rosas y que nuestros antepasados, en sus tiempos y con sus medios, supieron dar respuesta acertada a las adversidades que se fueron presentando.
¿Cómo ahora con la cordura y la preparación no van a saber guiarnos por el camino correcto nuestros mandatarios? Recordemos el espíritu de D. Pelayo y de sus leales. Suerte, serenidad y firmeza, señores políticos, por la cuenta que nos trae y no olvidemos la máxima de "La unión hace la fuerza".