Liquidación por traslado
Aquél día fue uno más de tantos, iba transcurriendo como inexorablemente pasa todo. Trabajo, casa, niños, comida, colegio, un sin fín de cosas que nos resulta tan familiar que no me acuerdo de nada especial hasta que todo cambió la tranquila jornada. El ocaso llegó, los peques iban tomando posiciones en sus lechos, el mes de abril también tiene algunas noches frías y esta era una de ellas. Suena el teléfono a deshora, lo suficiente para que se te ponga el corazón desbocado.(Era una de esas horas que cualquier llamada te pone en guardia).
BELÉN CUETO
¿Dígame?, ¿Con quien hablo, por favor ? Buenas noches, soy el arrendatario. Hola, buenas noches, dígame. (El momento no era el mejor para hablar de banalidades ni para perder el tiempo y como un rayo me espetó)," Mire usted, como ya sabe la cosa está muy mal, la crisis económica está afectando tanto que ya ha llegado a mi casa, mi esposa posiblemente verá su jornada laboral reducida y yo a duras penas puedo mantener mi negocio, si usted no me baja el precio del alquiler no vamos a tener ni para comer". (Me lo decía con sinceridad o así lo advertí y con la angustia de quien está pasando un mal momento).
Mi reacción fue primero de sorpresa pues siempre había satisfecho su deuda conmigo de una manera puntual y posteriormente la lógica me iluminó y comprendí que mejor era ver menguados mis ingresos a perderlos por completo, así que accedí a su petición.
En Andújar, al igual que en otras ciudades, con más frecuencia de la que se debiera, se puede ver diferentes locales comerciales en pleno centro histórico y peatonal que trasladan sus enseres, efectos, pertenencias, etc. de un lugar a otro en el mejor de los casos y en el peor, cierran sus puertas dando al traste con ilusiones, sueños, expectativas y todas las cosas buenas que se les pasa por la cabeza a los que sueñan con un éxito que se volatiliza y que si solo queda ahí, encima hay que estar contentos, porque si por el contrario esa negativa gestión se radicaliza, has caído en la ruina, con lo que eso conlleva.
En este ir y venir nómada, hoy aquí y mañana Dios dirá, está encerrado el quid de la cuestión.
Establecimientos con solera algunos de ellos, con clientes conocidos desde siempre que son como de la familia; que forman parte del paisaje comercial, se han visto obligados a abandonar. Ya no es rentable lo que antes le aseguraba un porvenir al negocio, una estabilidad y una forma de vivir no sólo a los que los regentaban sino también a los que éstos contaban como asalariados en calidad de camareros, dependientes, oficinistas, etc.
El equilibrio entre la demanda y la oferta no existe. Antes todo se regía por unos principios más estables (no sólo me refiero a los económicos, me acuerdo también de los morales, de las costumbres, de la palabra). No era tan importante hacer el negocio del siglo estableciendo un alquiler abusivo, las partes parece se entendían con mayor facilidad y de ahí que muchos puestos de trabajo perduraran en el tiempo y lo que es más importante aún, se creaba un vínculo entre el trabajador, el arrendatario y el arrendador que llegaba a ser familiar, de vidas ligadas unas a otras como partes fundamentales de sus quehaceres diarios.
Los tiempos han cambiado radicalmente, parece que una desconfianza general se precipita en desligar esas uniones tan fraternales. Queremos enriquecernos a toda costa, desoímos los gritos de necesidad de más de un emprendedor que por querer crear trabajo en esta época, se ahoga arrastrado por la corriente de unas aguas turbulentas, que le llegan los pagos mensuales a una velocidad de vértigo y que mes tras mes se las ve y se las desea para hacer frente a la situación.
De ese empresario depende la economía de varios hogares en muchos casos y si es de los de verdad, de esas personas que sienten y padecen, se convierten en comerciantes nómadas, hoy aquí y mañana con la carga a cuestas buscando local comercial a mejor precio, al precio que le permita respirar.
Señor arrendador, recapacite, sopese la situación, siga mirando a los ojos a su arrendatario y que él le mire también frente a frente, que por dejar de percibir una parte del total no va a entrar en la espiral del abismo y quizás sí va a sacar de él a una persona emprendedora, con ganas de trabajar y de crear puestos de trabajo.
Señor arrendador, usted no se merece que su local comercial esté desocupado, negocie con quien quiere hacerlo, oiga sus necesidades, mire por la estabilidad de esas personas que giran en torno de él, facilite la vida de ellos, se lo agradecerán y todos daremos la talla.
Los tiempos actuales son diferentes en la totalidad de los conceptos, requieren de este tipo de medidas excepcionales para salir adelante, a personas emprendedoras les va a dar una oportunidad y usted podrá seguir cobrando todos los meses.
Yo estoy ayudando.