La enramada educativa

Ya sí es la hora definitiva de la vuelta, o de salida, depende de puntos de vista, y de ánimos, con el comienzo del curso escolar tras el verano y las vacaciones tan atípicas, dadas las circunstancias sociales y económicas que tanto nos están acorralando. A nivel escolar el curso promete ser uno de los más difíciles de los últimos tiempos. En cualquier caso estamos ante uno de los exámenes más importantes que va a tener delante el sistema educativo español, el de saber combinar la defensa de un sistema educativo bien armado y estructurado, lo más prioritario en un país, con los inevitables ajustes económicos.

La enramada educativa

Alfredo Ybarra

Este nuevo curso pone a prueba de un modo crucial la preservación de la calidad y la excelencia de la enseñanza, barómetro de la cohesión y alta mira social y una garantía de futuro para cualquier colectividad. En España no hemos aprovechado lo suficiente la sinergia que la Constitución al principio propició, ni una madurez democrática en la que tendríamos que haber ahondado con más contundencia para consolidar de una manera consensuada un sistema educativo sólido. Más alumnos, menos profesores, claustros que disminuyen, bajas que no se van a cubrir, matrículas universitarias que se encarecen.

La repercusión económica en la familia es evidente, aunque en Andalucía se mantiene la política de becas y bonificaciones. Va haber material escolar que va a desaparecer de la cartera de los niños. Y las familias han de soportar una reducción de ayudas y un incremento en el precio de libros y del material escolar por la subida del IVA, que ha pasado del 4% al 21%. Nuestros hogares van a tener una difícil logística respecto a al contexto escolar de sus hijos. La comunidad educativa afronta este año muchas difíciles tesituras, y resulta comprensible su desasosiego. Y menos mal, en Andalucía, no se ha aumentado la ratio de alumnos por aula.

La crisis lo justifica todo, cuando los recortes se tendrían que haber dado antes en muchos otros niveles. La educación tenía tenía bastantes desajustes pero que llevaba hasta ahora buena marcha en cuanto a más y mejores centros educativos, también con más y mejores servicios para el alumnado y sus familias y mejores condiciones para los docentes; una red de centros al alcance de toda la ciudadanía y que ha llegado a bastantes parámetros cualitativos que, precisamente ahora, estaban a examen para intensificarse, por ejemplo, en cuanto a la renovación pedagógica, la comunicación y el trabajo compartido entre los docentes y para la innovación y el cambio en las prácticas educativas.

Eso es lo que ahora está en juego. La cuestión es si queremos y trabajamos para una escuela de una época nueva o cerramos el paréntesis, como tantas veces en nuestra historia, y volvemos hacia atrás, hacia otros tiempos de desconsideración de la educación. Estamos ante una encrucijada compleja donde debemos situar la educación en el ranking de las prioridades sociales e históricas. La educación es un empeño de largo aliento que necesita un apoyo de general anuencia por parte de todos los lados y vértices del panorama sociopolítico, como algo medular. Y ahora lo que se palpa es desaliento.

 

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