El escaparate ferial

La feria, esta corta feria, ha tenido muchos momentos de luces a pesar de sus grandes lagunas y la falta de bastantes contenidos como de leña en la llama de varios de sus apartados. Una feria es un espacio para muchas cosas, no forzosamente costosas, y además con algunas cuestiones una programación adecuada hubiera tenido algunas mayores compensaciones económicas con las que invertir en otros aspectos feriales que dieran mayor fuerza a la Feria. Eso de cómo estamos en crisis hay que ponerse el abrigo y aguantar el chaparrón no me vale. Y lo digo como diálogo abierto para una reflexión que nos pueda iluminar no como trinchera de francotirador, que quien me conozca sabe que no voy por ahí.

El escaparate ferial

ALFREDO YBARRA

Los que amamos a nuestra ciudad, que sé que estamos muchos, pero que muchos en ese lado deberíamos de quitarnos la venda y tocar a rebato. El camino hasta aquí bien está. Pero es una pena. Porque la miseria llama a la miseria, el pesimismo al derrotismo ,y la esperanza, y la ilusión, a echarse a andar por lo menos, a no quedar rendido a la orilla del camino, y seguramente a afrontar los retos de otro modo.

Andújar necesita empujes por todas partes. Y aquí no me refiero sólo a los políticos sino a la fuerza de la propia sociedad iliturgitana que debiera de retomar otro anhelo y una visión más honda y más larga de la que está teniendo. Echar balones fuera, encogerse de hombros, es algo demasiado fácil. Andújar necesita nuestro compromiso. Hay que generar dinámicas que incidan en que la máquina se desoxide, se engrase y mueva a toda la sociedad de Andújar, a un optimista avanzar hacia un desarrollo programado, organizado, focalizado.

No es tiempo para despilfarrar esfuerzos y recursos. Precisamente estos momentos son propicios para la regeneración, la revitalización, son una lanzadera para las personas, y más si están agrupadas, y no digo nada si son una ciudadanía con un compás al unísono, que sopesando todo, con el necesario cuidado escrupuloso dadas las circunstancias, se aferre a un destino de alta meta. Por eso me duele que la Feria se nos haya escapado sin explotarla como se debiera.

Pero bueno, y ojo, ha tenido sus puntos dignos, y en el fondo ha sido, como tiene que ser, ese punto de inflexión que nos ha inundado los tuétanos de andujanía, de ensueños de una Andújar onírica. Pero dado lo que se nos presenta muchos iliturgitanos la sienten así, pero no la viven, a bastantes personas no les merece la pena el vademécum ferial tan soso. La Feria nos recuerda los manantiales de los que somos usufructuarios, con esas riquezas nuestras que en estos tiempos del hoy nos empeñamos en desarticular, diluyendo el verdadero santo y seña de nuestra hospitalidad y sociabilidad andujareña.

Por otro lado no olvidemos que la Feria es un cartel en sí misma de Andújar y tendría que ser uno de esos dos o tres importantes escaparates de nuestros signos y vértices más fervientes y de lo que la ciudad puede ofrecer; y de lo que es capaz. Se nos ha ido ya, pero que su espíritu, su sentido de alegría compartida, perviva hasta el año que viene.

 

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