Apreciar ante el estrabismo

La sociedad iliturgitana en general, en sus riberas y apriscos vive en un oasis, se conforma con poca cosa a nivel colectivo. Está tan acostumbrada al asentimiento, al que piensen otros, al conformismo, que el desierto le parece huerto, los silencios música celestial y la soflama una razonada y agradecida caridad. Así la cosa, todo es Jauja en esta ciudad donde tirios y troyanos parecen, salvo obligadas posturas, una misma especie de mirada estrábica, y con problemas de de dicción, con respecto a cuestiones que en cualquier parte serían el norte de su brújula.

Apreciar ante el estrabismo

ALFREDO YBARRA

 

Tanto he hablado, que me vuelvo cansino. Pero es que desde el aire de la calle, desde las sombras de las esquinas, desde la tierra de los arriates, rezuman una voz, un lamento de rabia, un zarandeo, que me desentraña. Como ese agua subterránea de tantos veneros que recorren la ciudad y que están ahí, aunque no se vean, y que si te lo propones los sientes a través del suelo, los escuchas si procuras el silencio adecuado; y hablan y exigen.

Ya, ya sé, que como me dice un amigo, así, nada de medallas, nada de pedestales en medio de la plaza. En eso, la ciudad es extrañamente difícil, hay demasiado duelismo, y la batuta en diversas instituciones locales gratifica a los que se enardecen a ellos mismos, vanidosamente, pasando la mano por la espalda de quien sea y si echa ascuas al que consideramos contrincante, mejor (lo del contraste de pareceres sin más, se entiende poco). No hay casi más mirada, no se ve, salvo excepciones, a otras gentes, más calladas, menos presuntuosas, que son positivas, ejemplares, y, que hacen o han hecho una labor significativa en diversas labores que repercuten de algún modo en la ciudad. Todo viene porque ha tenido cierto eco el artículo que escribí hace unos días en este mismo periódico sobre Antonio González Orea. Personas de gran calibre me señalan su importancia y el referente que debería ser para Andújar. Pero somos cómodos hasta para esto.

¿Cuántos iliturgitanos que ya no están entre nosotros no merecen una consideración para ejemplo de todos? Un botón de muestra que hace poco en un foro saqué a colación es el de Diego Palomino, nacido en Andújar, y fundador de la ciudad de Jaén en Perú. Somos particularmente personalistas y olvidadizos. Vamos muy a lo privado, y en cuanto a lo social y comunitario, hay dos o tres cosas que consideramos intocables (aunque también irreflexionables y revisionables). Por lo demás, parece que nos da igual que el sol salga por Antequera o Gibraltar. Y ojo, que tenemos mucho, pero que mucho bueno, pero en lo que dicho, me parece que deberíamos de abrir los sentidos y apreciar el agua profunda, aunque casi invisible de muchas certezas de Andújar.

 

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