Una situación común
Estamos viviendo en la ciudad momentos difíciles. Y ya sé que es igual en todas partes. Uno está en la tienda, en la cola del banco (uí sobredimensionadamente), o en un bar, y las conversaciones están sulfuradas en torno a lo mismo, esa gran sombra que nos envuelve. ¿Crisis?, no, ni eso, mucho más, un gran trance hemorrágico privado y colectivo. Ya se ha olvidado hablar del tiempo, del fútbol, de las o tíos buenos, de Belén Esteban...,.Ahora todo gira alrededor de lo mismo.
ALFREDO YBARRA
Todo el mundo sabe de rescates, de IVA que se dispara, de primas de riesgo, de déficits, de sueldos que merman sin freno, de ese amigo que montó aquel negocio que iba tan bien y que ahora, "fíjate, tú, que están comiendo de la caridad de los amigos y familiares". Todo el mundo padece una aglomeración de angustia, como una zozobra sin rumbo y sin fin. Y lo peor de todo, es que nadie, y ya hablo a nivel cercano, de casa, de nuestra ciudad, pone algo de ilusión, de esperanza, que es lo fundamental para seguir medianamente caminando con algo de perspectiva. ¿Es que nadie piensa que la anorexia no se cura con más hambre? En todo caso mejora con una cuidadosa alimentación.
Pues eso nuestra vida, cercana y más amplia, necesita inyecciones de moral, de ilusiones, de retos, de innovación (algo clave ahora, es fundamental buscar nuevos caminos en todos los sentidos), de apoyo de unos a otros, de sentido común para rentabilizar recursos, de insuflar, con los condicionantes de la falta de recursos, puntales a la economía yal empleo que vayan alimentando nuestra anoréxica y famélica situación. Si no inyectamos vitalidad a la economía iliturgitana, ¿quién va a comprar unos zapatos, arreglar una persiana, salir a tomar unas copas, comprar un regalo, aportar movimiento al desarrollo local? Pues así están las cosas, que la ciudad, se diga lo que se diga, va para abajo.
Muchos propietarios de locales siguen pensando que eso de la llamada crisis no va con ellos y se empeñan en poner alquileres desorbitados a sus locales, por muy en el centro que estén. Piensan que si un inquilino se va, van a venir otros a manojillos. Y me parecen que se equivocan de todas a todas. Así estamos viendo la zona centro con muchos negocios que han cerrado. Pero es que otros están ya anunciando su cierre, por eso y por el tsunami general de la recesión. No digo nombres para no precipitar nada. Pero por favor hagan un recuento. Bastantes empresas de todo tipo están cogidas con alfileres, si no han dado ya el batacazo. Y por favor, no digamos eso de que eso es en todos sitios. No me vale. Porque además, si uno visita esos otros lados, el panorama tan desolado no es como en Andújar. ¿Qué nos está pasando, a todos, a tirios y troyanos? ¿Tan conformistas somos? ¿Tan poco amamos a ese ser colectivo que debiera ser savia de nuestros tuétanos que es Andújar?