Vacaciones en paz
En medio de la vorágine económica de la pasada semana, donde no parecía haber nada más que noticias económicas y declaraciones políticas, una información vino a cambiar el chip a los medios de comunicación locales. Estaba donde sólo pueden estar las noticias que llegan al corazón de los seres humanos, en el sector de los discapacitados y por más añadidura, psíquicos y saharahuis. La entidad que la proporcionaba, ApromPsi, una vez más y van tres ya, los veranos que hasta nuestra provincia traen a niños desde los campamentos de refugiados, para que ajenos a estas locuras de "ivas", pagas extras y demás recortes que andan calentando el país, ellos vivan unas vacaciones en paz.
ISABEL RECA
Se ha dado la circunstancia, de que este año al no contar, hasta el momento, con ayudas institucionales los que han llegado a través de esta asociación se han centrado en Andújar, donde responsables de la misma han agradecido que, de nuevo, hayan podido contar con la inestimable ayuda del Ayuntamiento y muy especialmente del hospital Alto Guadalquivir, donde sus dos máximos responsables, en la gerencia y médica, han vuelto a volcarse, no ya en atender las circunstancias del momento sino, como cada año, en las necesidades facultativas que estos niños requieren desde sus llegada el periodo de permanencia y su continuidad, en la medida de lo posible.
Pero todo no acaba ahí. El responsable de discapacidad en aquellos campamentos, quien ha venido a conocer fórmulas y métodos, ha visto como particulares se han puesto a su servicio para dar a conocer la situación de los refugiados entre la población iliturgitana y tocar algunas conciencias dormidas. Los niños, éstos, como tantos otros en circunstancias similares o no, nunca son culpables de las desacertadas políticas de los mayores. De ahí, que la labor de Aprompsi, no sólo se ciña a los discapacitados de nuestra provincia jienense, sino que han extendido sus brazos al otro lado del mar llegando hasta el Sahara, allá en tierras africanas. Ellos, responsables de la asociación, personal que trabaja en sus centros y familias de acogida, merecen todo un reconocimiento de la sociedad, no sólo por su hacer, valor y coraje, sino por llegar donde administraciones y políticos no llegan para que existan, de verdad, unas "Vacaciones en Paz".