Paremos el vértigo

En estos días finales de mayo el tiempo se vuelve un tanto extraño cuando queda mucho todavía, y, sin embargo, los instantes van lanzados como en un largo tobogán vertiginoso. Se nos escapan, sin tiempo para casi nada de lo que habíamos programado en esos otros días lunares de enero, de compromiso y proyectos regeneradores. El curso, la temporada, ese espacio de que fronterizamos con los calores del caminado junio y ya el metálico verano, que nos abate el ánimo y ralentiza las bielas musculares, parece que se difumina. Es ahora de sacar fuerzas, de beber en el aire matinal, que aún se puede abrazar, las vitaminas necesarias, y cumplir propuestas y deberes, como sea.

Paremos el vértigo

ALFREDO YBARRA

El problema es esa parte ciudadana cuyas aspiraciones son muy limitadas, sobre todo cuando hablamos de ambiciones colectivas. La imagen de nuestra ciudad no mejora con una secuencia de flashes que hilvanen un discurso artificial, facilón, engañoso y populista de progreso, sino que está ligada a la regeneración de nuestro imaginario, a un patrimonio inmaterial, decantado por el tiempo y las generaciones, y, que hay que leer, comprender, asumir, recrear y proyectar.

No nos vale pavonearnos de nuestra inmensa heredad colectiva e histórica para luego acunarnos en el desafuero y no hacer lo necesario para acceder o lograr lo que correspondería a los objetivos que exige ese imaginario. Porque para escribir nuestra historia con sus renglones de futuro, antes tenemos que saber leer la exigencia que nos demanda. Las señas de identidad son una cosa muy distinta del cartón piedra, de los tópicos, y de la retórica sin convicciones verdaderas ?sin vida, sin regeneración, sin un convencimiento activo y vivificador-.

Las señas de identidad necesitan el contraste, la auto reflexión, el consenso ante todo. Porque se trata de proyección, no de quedarse en el ombliguismo desnortado. La memoria simbólica tiene que armarse en la inclusión animada por el fuelle identitario, y eso es difícil de asumir. Nos queda aún mucho integrismo disuelto en las aguas comunitarias. Y hace falta ahondar en las fuentes que ni son sordas, ni mudas; mientras esta primavera se viste de preguntas. La vida, hoy, es un ajetreado bullicio de golondrinas haciendo vuelo rasante, un agua de mayo para vestir de flores las heridas y los olvidos. Y, mientras los deberes nos esperan, para ir cumpliéndolos, aunque haya que escribir tan tempranamente a los Reyes Magos o papá Noel. Y hoy estas líneas son eso, una carta a mi pueblo, no tan críptica como parece. Una urgencia a sentir el latido del suelo. Que "en mayo el mastín es galgo".

 

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error

[]

Paremos el vértigo

[]

Paremos el vértigo