Esplendorosa y fervorosa Entrada Triunfal de Jesucristo en Andújar

 

Esplendorosa y fervorosa Entrada Triunfal de Jesucristo en Andújar

IDEAL Andújar

Jesucristo, una vez que recogió al jumento en los aledaños de la parroquia de Santa María en una mañana esplendorosa bajo el volteo jubiloso de las campanas, decidió hacer su entrada triunfal en Andújar por el imponente y señero Arco de Correos, envuelto por aromas de incienso y azahar. La ciudadanía se agolpó en la remozada zona céntrica y su casco histórico, vestido con sus nuevos ropajes y ebria de fe y gozo para recibir en sus entrañas al Salvador, con esas palmas que cimbrearon sobre los niños hebreos y que se entretejieron con las ramas de olivo que ejemplificaron el saludo fervoroso de Jesús, que quiso conjurarse en Andújar con el torrente de vivencias que acumulan los mayores de la residencia San Juan de Dios.

La imagen de Nuestro Señor de la Paz en su Entrada Triunfal en Jerusalén, acompañada de los apóstoles Pedro y Santiago y dos niños hebreos, fue mecida con mimo y pasión por la cuadrilla de costaleros de su Hermandad de la Paciencia en un desfile procesional que contó con los acordes de la banda de tambores y cornetas Monte Calvario, de Martos. Esta estación de penitencia cumplió ayer su primera década de tránsito por las calles andujareñas ya que, en 2002, la efigie del sevillano Jaime Babio Núñez desfiló por primera vez en la Semana Santa andujareña. Este trono, no obstante, se integra en una hermandad que se fundó en el año 1719.

Unas nubes presagiaron los negros vaticinios que se cernían sobre el Mesías. La tarde se tiñió de color gris en las inmediaciones de San Bartolomé, porque Jesús fue flagelado y empezó a cargar con la cruz de la maldad e incomprensión de un pueblo que en principio, le adoraba. La algarabía matutina adquirió tonos fúnebres al irrumpir la noche. Fue cuando la Cofradía de la Santa-Vera Cruz mostró a su remozada talla de Jesús Atado a la Columna rodeada de los ya clásicos sones de la capilla musical Vera-Cruz, al que le acompañó su sobrio Nazareno, que mostró un dolor sereno y profundo.

La procesión de la tarde-noche del Domingo de Ramos rezuma antigüedad y solera, y le insufló esa aureola mística y profunda, que contrarresta el furor y apasionamiento de muchos desfiles de Andújar y que le proporcionan un especial señuelo a la Semana de Pasión iliturgitana.

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