Manta y tasas

 

Manta y tasas

ALFREDO YBARRA

Que me perdonen los cofrades y aficionados del mundo semanasantero, que estamos en su tiempo y, bueno, deberíamos darle más cancha con las presentaciones de carteles, pregones, conciertos, estrenos y un largo etcétera. Aunque funcionan muy bien todas las formas de expresión cibernéticas: blogs, facebook, webs,..., de cofradías, cofrades y aficionados al mundo pasional, en Andújar la Semana Santa siempre tiene el hándicap de la Romería, que solapa mucho, que cubre demasiado con su larga sombra, y, también con su manto de luz.

Por supuesto que el tema romero es un valor añadido de la andujanía, un rayo de luz que aglutina sentires no sólo iliturgitanos, como bien sabemos, sino de tantísimos devotos de la Virgen de la Cabeza procedentes de lugares remotos. Sentires que seguramente emanan muchas cualidades y riquezas. La Morenita es una seña de identidad iliturgitana y empapa muchas estancias de su historia y de su dinámica social. Pero es cierto que también hay esa sombra, esa colcha opaca que tapa muchas acciones, muchas motivaciones que en Andújar se deberían de dar y que en el fondo es un bucle que se enroca en un romerismo ilógico y sin auténtica proyección.

En el fondo con todo lo que la Romería y su contexto significan y son, deberían de impulsar caminos de verdadera excelencia. Y no, como digo, en bastantes cosas, por ahí, no avanzamos. ¿Avanza auténticamente la ciudad, el núcleo urbano, con respecto al devenir de la Romería en un beneficio cualitativo y cuantitativo palpables? Y no, no miren este artículo con la mirada corta, que entonces no vamos a ningún lado. También, con los temas romeros nos enfrascamos en necios fanatismos beligerantes que nos pierden totalmnete. Es una pena, por poner un ejemplo (que se pueden poner infinitos y desde diversos ángulos) en qué ha quedado la fiesta romera, su tejido a lo largo del año, su contenido argumental en la ciudad, donde aspectos expositivos, culturales y antropológicos festivos se han reducido, salvo honrosas excepciones, a límites demasiado ominosos.

Otro ejemplo, por ser de última actualidad, es el de las tasas del área del Santuario. Muchos hablan sin saber. Pocos ponen las cosas en su contexto. Lo primero, y ya lo dije, es el revuelo que hay, cuando hay cosas en Andújar mucho más importantes, sí, y lo subrayo, más importantes, que deberían indignarnos el tuétano del alma, y, nada, no nos hemos movido en absoluto. Y lo segundo es que todo tiene su equilibrio, y en estos temas de servicios por ocio, debe de llegarse a consensos de prestación y contraprestación, porque en parte y digo en parte, era necesario.

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