Solemne y esplendorosa procesión de la Inmaculada
Una mañana esplenderosa presidió ayer la procesión de la Inmaculada Concepción, muy enraizada con la vida e historia de la ciudad y preñada de religiosidad popular y leyenda. Este desfile procesional tuvo precedentes muy solemnes y emotivos como la Vigilía del miércoles predicada por el padre Felipe Alonso, de la Comunidad Trinitaria de Córdoba y cantada por el coro de la Cuarta Cuerda, de la ciudad.
JOSÉ C. GONZÁLEZ
Antes de la salida de la imagen por las puertas de la capilla de las Monjas Trinitarias, el arcipreste de la ciudad, Pedro Montesinos presidió la Eucaristía. La Inmaculada Concepción salió por las puertas al filo del mediodía, para recorrer las zonas céntricas de la ciudad y recogerse cerca de las dos y media de la tarde, bajo una estampas de fervor religioso que aportaron las personas que realizaron el recorrido.
Acompañaron todas las hermandades de Pasión y Gloria de la ciudad. La Corporación Municipal (con el alcalde Jesús Estrella a la cabeza), bajo mazas y los miembros de los cuerpos de las fuerzas de seguridad. Los acordes de la Agrupación Musical Maestro Amador animó con sus notas musicales el tránsito ceremonioso y esmerado de la imagen de la Inmaculada Concepción, portada por hermanos de su cofradía, que decidió que se transportara con ruedas para no alargar en el tiempo el recorrido. Muchas personas se agolparon en las calles, para asistir al paso de una advocación mariana muy querida en la ciudad.
Leyenda e historia
La historia de esta devoción se remonta al año 1679, cuando la monja trinitaria Sor Lucía Yáñez vaticina una mortífera epidemia de peste que se hizo presente al año siguiente y que llevó al Ayuntamiento a hacer voto perpetuo de la Inmaculada Concepción, para que no se volviera a repetir la enfermedad, al ser ésta una de las condiciones impuestas por la Virgen a la monja. A partir de entonces, el convento de las trinitarias contemplativas fue escenario de su renovación anual.
Cuentan los historiadores y la leyenda que la Virgen le dijo a Sor Lucía que la forma de remediar los males que padecería la ciudad era reformar el Estado Eclesiástico, el destierro de las comedias y representaciones ilícitas y la celebración anual del día y fiesta de la Octava de mi Purísima Concepción en el templo, que en España empezó a ganar celebridad en el siglo XVIII gracias al Papa Clemente XIII.
El Ayuntamiento tuvo que intervenir para remediar los males que se presagiaron para la ciudad, a la par que el culto a la Inmaculada Concepción se fue extendiendo en la ciudad, de ahí que en la procesión salga todos los años la Corporación Municipal bajo mazas. El trabajo conjunto que hoy realizan la Hermandad de la Inmaculada y el Consistorio recogen el testigo de aquel presagio mirífico, que libró a la ciudad del desastre.