Impulsar un pensamiento crítico

Es tanto lo que nos está pasando, lo que está perturbando el cogollo de nuestra civilización, que a la hora de hacer repaso mental para definir unas palabras que puedan interesar al lector en este artículo, por momentos me desconcierto. Pero ya dijo Francisco Umbral que el verdadero escritor es aquel que escribe aunque no tenga nada que decir, a lo que yo añado que también lo es el que sabe discernir una vereda entre un vendaval de propuestas. Así, que intento abrocharme los machos y ajustarme el traje torear palabras y pensamientos para dar rienda suelta a las ocurrencias. Nuestro cerebro es una incansable y muy complicada máquina que en todo momento recibe, elabora y produce información. Una parte de esa información llega a nuestra conciencia. Son las ocurrencias, que nos dicen de algún modo por donde andamos en cuanto a estructura mental. Y es que la sala de máquinas de nuestro ser ocurrente anda con las alarmas rojas encendidas, dado el desmorone de vértebras esenciales en nuestro mundo que se están desplomando como un castillo de naipes. No voy a incidir en las ideas que teníamos hasta ahora de desarrollo, de crecimiento económico, de los problemas del paro, de la mala imagen de la política, de un desvanecimiento ético,....

Impulsar un pensamiento crítico

ALFREDO YBARRA

Dicen los que se dedican a cuestiones del pensamiento que nos comportamos de acuerdo a lo que creemos. La idea que tengamos acerca de nuestra libertad personal, de nuestra capacidad para enfrentarnos con los problemas, y liberarnos de los determinismos, tanto físicos, como mentales, sociales y económicos va a ser un elemento muy influyente en nuestra manera de actuar. ¿Y quién nos prepara para ello? ¿Dónde están los programas en los centros educativos, las propuestas que incidan en chisporrotearnos acerca de ello en actividades cercanas y motivadoras a nivel laboral o ciudadano en general, las ofertas mediáticas con afán de llegar hondo,...?

Somos muchos los que decimos que a grandes males, grandes remedios. O sea, que hay que dar la vuelta completamente, como al forro del bolsillo a muchas de nuestras realidades y actividades, si queremos no perder el paso definitivamente. No sé, supongo que estas palabras no son más que palabras escondidas en unas páginas de un diario de provincias. Pero tal vez, en algún momento, como ha ocurrido en tantas ocasiones, este mensaje lanzado al océano sea un poco de tinta que vaya sumándose a otras tantas palabras coloreadas que finalmente reflejen en el agua inmensa de nuestro universo un mensaje totalmente indudable, incontestable por parte de los cuatro (son tan pocos en comparación con el resto de hombres y mujeres que desean palpar otra realidad, posible y mesurada) muñidores de la tramoya.

Las encuestas nos dicen que en los últimos años la capacidad de controlar la propia conducta ha disminuido, por varios motivos, pero se destaca uno principalmente: la pérdida de sentido crítico. En el debate público estamos cayendo a niveles muy bajos. Estamos como seres con inteligencia superior en una alcantarilla muy oscura. Investigamos como muchas bestias alcanzan niveles de aprendizaje ciertamente sensibles. Sin embargo el ser humano cada vez más está más embrutecido. ¿Qué bestias harían el linchamiento que hemos visto a Gadafi? Cuántas cosas nos ocurren, no por ataques de locura incontrolable, sino a consecuencia de una locura que nos hemos inyectando poco a poco por mor de no sé cuantas categorías de la civilización. Personajes como el de la masacre de Noruega, los hemos ido alimentando entre todos por acción u omisión. Siempre habrá excepciones a la regla. Pero es que la regla está tronchada. Y es urgente regenerarla. De ello depende que la política, la economía, la convivencia, nuestras ilusiones y esperanzas, tengan una nueva disposición.

La información que llega a nuestras manos parece tan opaca como las entidades que la generan y nosotros seguimos paralizados. Hay demasiados puñales que hieren nuestra coexistencia armónica. Es alarmante no saber hacia dónde nos dirigimos. Y es necesario recomponer el mundo de las ideas y del pensamiento crítico. Es fundamental crear vías para formar para todos un "yo ocurrente" fértil, creador, más bondadoso y entrañable con los demás. Rimbaud escribió: "Je est un autre". "Yo es otro". Pues eso, que la avalancha de cuestiones me ha atropellado el artículo. Pero sí, debemos de inquietarnos y buscar respuestas inmediatas. Si lo dejamos pasar, pronto nos tejerán otra alfombra. Nos dirán: remontamos. Y nuestras miserias quedarán falsamente tapadas.

 

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