Esa zanja inane

 

Esa zanja inane

ALFREDO YBARRA

Una que siempre me preocupa y por lo que me pregunto con insistencia es por la Andújar deseada por los propios iliturgitanos, no tanto por la vivida y experimentada, sino por la que permanece, en potencia, en el terreno de lo posible, de lo no real aún. Esa es la ciudad que busco. Porque una cosa es la Andújar que es, otra muy distinta es la que creemos que es, o que miradas muy interesadas nos hacen ver, y otra diferente es esa Andújar que realmente, por sus potencialidades diversas , por su historia y por la voluntad de sus ciudadanos de vencer inercias, de sentirse capaces de poner metas más ambiciosas y de cumplirlas, puede ser y debería ser, para el crecimiento y enriquecimiento de los valores más importantes, tanto individualmente como a nivel ciudadano.

El deseo de aspirar a más es algo que nos debería llevar a ciertos compromisos. Compromisos que hoy en día no se dan. Y me apena que Andújar se nos derrame entre los dedos. Porque hay una zanja abierta que separa el territorio de lo real y de las especulaciones, del de la esperanza resolutiva y el compromiso regenerador. Una zanja que no queremos saltar.

Es más cómodo avanzar por la travesía de lo hierático, del conformismo derrotista y de los eufemismos para endulzar la confusión. Así, nos admiramos de nuestro reino de Liliput de nuestra cultura del costumbrismo exacerbado En este sentido, nuestro espacio urbano, nuestro marco ciudadano necesita nexos de reconocimiento que identifiquen el aliento colectivo. No podemos desarrollarnos en nuestra individualidad, en nuestra particularidad si obviamos el tiempo y el lugar en los que estamos; si no tenemos en cuenta nuestro entorno y las personas que forman nuestro contexto más cercano. Sobre todo debemos de hablar de instrucción, que no es sólo formación escolar. Es ante todo formación reflexiva y cultural.

Y la cultura, entre otras muchas cosas, nos lleva al respeto que es algo que está en una escala superior a la tolerancia. Y por ejemplo la historia es memoria y la memoria es cultura; y no podemos hablar de ciudad, de lo urbano, sin hacer mención a procesos históricos. Andújar debe dar una vuelta por completo al forro de su ser actual y buscar un sueño de desarrollo y vanguardia desde una fragua cultural que sea una red que nos proteja de lo inane, y, al mismo tiempo, nos lance a la altura de otros procesos de auténtico futuro.

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