Una mística plazoleta
OPINIÓN ·
«Vuelvo a pisar el suelo de chinos de la plazoleta Beato Marcos Criado, al lado de la fachada oeste de la iglesia de San Miguel»ALFREDO YBARRA
ZAGUÁN
Domingo, 22 de marzo 2026, 11:36
Hoy presiento a la ciudad especialmente seductora, ilusionante y animosa. Una ciudad que quiere creer, que quiere soñarse feliz. Y me llama a lo nuestro, ... a lo que hacemos y haremos siempre, eternamente: pasear por sus entretelas, hablar, callar, ser ella y yo siéndonos nuestros. Y abrazarnos locuaz y contemplativamente por entre sus zaguanes y altozanos, y fundirnos en un burbujeo común de nuestros océanos. Yo no le pregunto qué quiere de mí. Ni por qué su voz tan profunda alienta mi garganta. Ni para qué. Sólo le digo: ¿Tú quieres que vayamos al fondo de tu alma? , pues yo te sigo.
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Hoy Andújar se intuye a sí misma cuando las luminarias astronómicas pregonan el equinoccio de primavera, desde que el pasado viernes los astrales y telúricos vigores de la tarde rubricaban que comenzaba la estación del año que simboliza un momento de equilibrio perfecto entre la luz y la oscuridad, que da paso a la renovación y los nuevos comienzos. Y en estos días una promesa de redención abraza el sagrado y agitado palpitar de la ciudad. En un azul esplendoroso, cielo y vida riman, el sol parece resucitado, la brisa se vuelve brote. La tierra agita nuevos sueños y la intemperie es una inmensa conjunción de trinos y colores. La ciudad se vuelve oráculo para quien acompasa su pulso con los profundos ecos de los gozos y ayes del pueblo.
Allí voy, al ansiado encuentro. Vuelvo a pisar el sobrio suelo de chinos de la plazoleta del Beato Marcos Criado, al lado de la fachada oeste de la iglesia de San Miguel. Sentado en los bancos de piedra de este lugar recoleto, por su calmo pulso; me envuelvo en su ámbito amable repleto de contraluces entre los arriates, plantas y árboles, entre calles que aquí se abren, a la sombra de la majestuosa torre parroquial. Un diapasón que afina mi conciencia y mi memoria. En el centro de la plaza la fuente Barroca con su cristalina crónica susurra las claridades y melancolías de una ciudad que tras borbollantes espejos refleja un universo que en los últimos lustros viene siendo demasiado prosaico.
Una fuente que el domingo 4 de abril de 1926, hace ahora cien años, se reinauguraba junto a esta plazoleta, en la plaza de España (en aquel entonces plaza Reina Victoria) con un concierto de la banda municipal de música, habiendo estado hasta ese momento en el Altozano de la Victoria donde fue ubicada probablemente a finales del siglo XIX (trasladada desde la plaza del Mercado). Esta fuente, primera pública de agua potable de la localidad, se trasladó, no sin polémicas, al centro de la plaza de España siendo alcalde el Conde de la Quintería. Después de la Guerra Civil, se reubicó en su emplazamiento actual.
La fuente está datada aproximadamente en 1739. El Ayuntamiento de Andújar encargó su realización a José Gallego y Oviedo del Portal, maestro de obras de la catedral de Jaén, aunque su proyecto final fue de Francisco Ortega, un iliturgitano, nacido entre 1691/1692 que llegó a ser maestro pintor de la villa de Madrid. Sus padres también de Andújar eran Francisco Ortega y Francisca Ruiz Delgado. Se sabe que en 1725 el Consejo de Castilla lo nombra miembro del grupo de tasadores oficiales de obras de arte de la corte, donde tuvo gran importancia. En su testamento se cita como «ayudante de traza de Su Magestad y profesor del arte de la pintura», y estando soltero nombra herederos a sus hermanos María y Juan (que vivía en Andújar). Fallecía el 9 de agosto de 1747. Poco se sabe de su obra pictórica, que en mucho está perdida o mal atribuida. Francisco Ortega es un ejemplo más de personajes de Andújar que merecen nuestra memoria y un mayor reconocimiento.
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A un lado de la fuente se levanta el monumento al iliturgitano beato Marcos Criado (25 de abril de 1522- 25 de septiembre de 1569). Religioso trinitario del que se cuentan grandes virtudes y que sufrió martirio en el pueblo granadino de La Peza durante la rebelión de los moriscos. Fue beatificado por el papa León XIII el 24 de julio de 1899. Parece que los parterres exhalan un sutil sacro incienso mientras que la luz suave de la mañana, el estribillo del agua, el musitar de la brisa, y los elevados y vaporosos trazos de la escultura, me inundan de un halo contemplativo.
El monumento lleva la firma indubitable del iliturgitano Antonio González Orea, amigo y admirado escultor que impregna toda su obra de una mística espiritualidad que atraviesa la mirada del espectador para entablar un diálogo íntimo que lleva a darle a la caza alcance. También hay otra obra de Orea que representa a Marcos Criado que se encuentra en la ermita de la Virgen de la Cabeza de la calle Ollerías.
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En esta plazoleta, Andújar es un brocal de redención y me llama a las hondas atalayas y a ser ella y yo siéndonos nuestros.
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